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Sábado, 02-08-08
La tele se ve pero hace ya tiempo que no se escucha, ése es quizás el secreto mejor guardado del medio. Sólo así se explica que con la que está cayendo en el páramo audiovisual cada espectador haya pasado de media esta temporada 232 minutos diarios delante del televisor. Se dice pronto. Con ese panorama ha sido preciso revisar la estrategia promocional y sacar la artillería pesada para perforar el encallecido subconsciente del personal y llevarlo de un programa a otro como quien rueda el aro con un palo fino.
Lo del presentador del informativo dando paso al estreno de la semana o los simples bocinazos para alertar a la audiencia son humildes reclamos de la televisión del siglo pasado. Ahora hay que darle al magín y optimar los recursos. Y para ello qué mejor que aprovechar el olvidado logotipo del canal y convertirlo en socorrido escaparate de casi todo. Así, uno está viendo el estremecedor relato de la boda de Belén Esteban —convenientemente repetida por su indudable interés general— y se encuentra con que la mosca de la cadena se convierte en un muñeco animado que se zampa un trozo de la pantalla y nos invita a ver no sé qué historia a no importa qué hora. Lo de que cambie de color y mute la forma según la película de «prime time» está muy superado. También se llega a derretir el logo y se esparce impertinentemente por lo poco que nos interesaba ver. Cosas de las moscas de la tele 2.0, cojoneras ellas, claro
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