
Lo peor es confiarse y dejar solos los objetos personales para dar un paseo o bañarse. ABC
SILVIA TUBIO/VIOLETA CAPILLA
Actualizado Domingo, 10-08-08 a las 08:28
Las playas repletas de turistas son un foco de atención preferente para los delincuentes que juegan con el despiste y la confianza de sus víctimas. Durante los meses de julio y agosto se advierte un goteo constante de denuncias por robo en las playas de Cádiz y Huelva y, concretamente este verano, el fenómeno parece tener nuevos protagonistas. La Policía Nacional ha detectado a grupos o pandillas de adolescentes que, llegados de fuera de la localidad, pretenden hacer su particular agosto sustrayendo bolsos, carteras y demás objetos de valor de los bañistas.
El perfil y el modo de actuar de estos delincuentes está bien definido: suelen actuar en grupo, tienen entre 16 y 18 años y no son de la provincia en la que actúan. La Policía Nacional ha detectado que en algunos casos proceden de barriadas marginales de Sevilla como las Tres Mil Viviendas.
Estos ladrones no suelen utilizar la violencia ni la intimidación, sino que recurren a la vigilancia y a la confusión de los bañistas. Suelen situarse en el paseo marítimo y desde ahí observan los movimientos de los bañistas: si dejan sus pertenencias solas cuando se meten en el agua o si, por el contrario, son más precavidos y piden la ayuda de algún vecino de sombrilla. Cuando tienen elegida a su víctima, esperan a que se aleje de sus cosas y aprovechan ese momento de despiste o de confianza excesiva para bajar a la playa desde el paseo, acercarse y coger los bolsos «con la mayor naturalidad posible» para no levantar sospechas entre las personas que están cerca. Para ello, visten bañador y se hacen pasar por un usuario más. Cuando tienen su botín se marchan andando y sin llamar la atención.
Estos jóvenes buscan, sobre todo, dinero en metálico que gastan casi en el momento - algo muy parecido a lo que ocurre en Carnaval en Cádiz-, si bien es cierto que tampoco hacen ascos a cualquier pertenencia con algo de valor. Se trata en definitiva de jóvenes que llegan a la localidad sin dinero y con un par de robos obtienen cierta liquidez para poder mantenerse económicamente en la costa durante un par de días
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Es, además, una forma de delincuencia menor que no es fácil evitar ni perseguir, ya que los chavales se funden con gran facilidad entre la masa de turistas que abarrota las playas de las principales localidades gaditanas y onubenses, y de la misma forma que aparecen se escabullen entre los paseantes de los paseos marítimos.
Frente al aumento de las denuncias al respecto, los cuerpos policiales intentan enfrentarse año tras año a este problema de seguridad en la costa.
Agentes de la Policía Local, en sus rondas por las playas, están dando consejos a los bañistas para que atiendan a unas mínimas medidas de precaución. Según informa Óscar Lobato desde la Subdelegación del Gobierno en Cádiz, este es un problema que se combate con un programa de verano que envía efectivos de paisano a los paseos marítimos de las principales localidades costeras para sorprender a estos cacos en plena acción. Afirma también Lobato que en septiembre se produce una disminución drástica del número de estos delitos hasta situarse en las cifras habituales que se registran durante el resto del año. Se trata por tanto de un fenómeno exclusivo del verano y que se da en localidades con gran afluencia turística, ya que las aglomeraciones son la clave de éxito para este tipo de delito.
En la provincia de Cádiz este fenómeno no ha pasado nada desapercibido, pues si en localidades como Chipiona, El Puerto de Santa María, Rota o Chiclana la media de denuncias diarias oscila entre tres y cinco, en localidades mayores como Algeciras o Cádiz se llega a alcanzar una media de siete denuncias diarias por hurto en las playas.
Subdelegación afirma, por otro lado, que es muy alto el número de robos que no se denuncia, bien porque el afectado tiene poca esperanza de recuperar sus pertenencias, porque se le han sustraído objetos de poco valor o por falta de tiempo o desgana, pues son muchos los bañistas que acuden a las playas para un sólo día y no desean pasarlo en comisaría para denunciar el robo. Por este último motivo es también frecuente que se acuda a la policía a la vuelta, en la localidad de procedencia del turista, lo que convierte a Sevilla en la provincia que, sin tener costa, más denuncias registra por robo en las playas.
En cuanto a los delincuentes que son pillados «in fraganti», reciben en muchos casos una sanción mínima por ser menores de edad, y «no parece afectarles demasiado», declara el asesor del Subdelegado del Gobierno en Cádiz. En caso de ser reincidentes se les llega a imponer estancias en centros de menores.
Los peligros más frecuentes
Otros tipos de robos comunes en las cercanías de las playas son los «tirones» a los bolsos de paseantes en zonas poco transitadas y los atracos de coches. En el primer caso el robo lo suelen llevar a cabo jóvenes que disponen de un ciclomotor para poder huir fácilmente, y sus víctimas son normalmente mujeres que en el momento no se encuentran acompañadas y pasean por lugares poco frecuentados.
El caso del robo de coches es también un tipo de muy frecuente de «hurto de playa». No se trata de robar el vehículo en sí, sino de desvalijarlo, sustrayendo todo aquello de valor que el propietario pueda guardar en el interior del mismo. Para ello los cacos suelen romper una de las ventanillas del coche sin producir mayores desperfectos en el automóvil.
Sin embargo, este tipo de robos no suele tener como protagonistas a chicos tan jóvenes como los que roban en las playas disimuladamente.
La creciente afluencia de turistas a las playas parece, en definitiva, no poder desligarse de este aspecto negativo de la búsqueda de arena y sol.