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Miércoles, 13-08-08
NO me lo podía creer. Allí estaba yo, como otros tantos millones de teleespectadores, viendo desde mi sofá la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, alucinando en colores ante semejante despliegue de gente, medios técnicos, creatividad, y disciplina con la que los chinos le han dicho al mundo: «Os vais a enterar de lo que vale un peine». Se acercaba el momento cumbre del encendido de la antorcha, ya la última relevista terminaba su recorrido cuando María Escario , comentarista de pro, va y suelta por esa boquita: «No se sabe la identidad del deportista que hará el encendido de la antorcha. Los chinos han guardado el secreto hasta el último momento, aunque dada la complejidad y la dificultad que puede entrañar, lo más seguro es que el elegido sea un hombre». Me levanté de un salto, porque no daba crédito «¿Cómo es posible que diga semejante barbaridad y se quede tan ancha?» «¿Ahora resulta que las mujeres no podemos hacer cosas “difíciles y complejas”?». Marchando un repaso de feminismo e igualdad para la Escario. Mira que podía haber dicho, un poné, «Como se requiere una extraordinaria fuerza física…» (aunque haya féminas que pueden levantar un microbús sin inmutarse). Tampoco se le ocurrió un «Es probable que elijan al más brillante deportista chino de los últimos tiempos». Ni siquiera un socorrido «Hay una lista de candidatos, y no se sabe por quién optarán finalmente» No, la Escario —con todas sus tablas, que las tiene—, echó mano de esa manida versión del machismo mas casposo que sigue afirmando que las mujeres solo servimos para hacer cosas simples porque lo complicado es cosa de hombres ( y nosotras con estos pelos y una flamante Ley de Igualdad por delante).
Más allá de la impresión que me dio al ver a unos soldados izando la bandera olímpica, más allá de ver a Putin en su grada, sin inmutarse (aunque ya tuviera en la cabeza bombardear Georgia), más allá de emocionarme con el desfile de nuestros deportistas y con un espectáculo realmente brillante, la ceremonia me dejó el regusto amargo de una metedura de pata tan gratuita como lamentable. Todo un desprecio…olímpico.
lalvarez@buzonabc.com
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