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«Lo que más me gustó ser es gobernadora y mandar en la Policía y la Guardia Civil»
EFE Amparo Rubiales, con el libro publicado recientemente
Domingo, 05-10-08
Amparo Rubiales_ autora de «Una mujer de mujeres»
A.F.C.
SEVILLA. «Una mujer de mujeres». Es es el título que ha puesto Amparo Rubiales a un libro que cabalga entre la biografía privada y la colectiva de las mujeres de su época, las mujeres de la transición democrática, las que rompieron los moldes del franquismo y la pata quebrada para irrumpir en la vida pública.
-Autobiografía, memorias, ensayo... ¿dónde se encuadra este libro?
-No es sólo una biografía, aunque también lo es. Cuento mi vida pero desde la perspectiva de las mujeres. O sea mi vida a través de la Historia de las Mujeres a través de mi vida. De hecho cuento cosas como el momento en que se alcanzó el derecho al voto pese a que yo evidentemente no había nacido... Iba a ser un ensayo sobre la Historia de las Mujeres en estos sesenta años que yo he vivido -sesenta y tres voy a cumplir-, pero luego, de acuerdo con el editor, optamos por esta fórmula mixta.
-En un momento dado del libro usted señala la aparición de los anticonceptivos como uno de los hitos del feminismo...
-Para mí, el momento más importante en esa historia de las mujeres es la consecución del derecho al voto, de la ciudadanía. Es el derecho más importante, la condición más importante. El sufragio masculino al que llamaron sufragio universal se consigue en 1890 y ¿nosotras qué? Pero es verdad que desde el punto de vista de las posibilidades de tener vida propia, de poder salir a la vida pública, uno de los hitos importantes son los anticonceptivos. Lo más importante para las mujeres es la maternidad y la mayor limitación para las mujeres también es la maternidad. Los hijos los tienes en un momento de la vida en el que si te dedicas a ellos no te puedes promocionar profesionalmente o no tienes hijos y tienes esa frustración. No está resuelto que las mujeres puedan ser madres y profesionales en la vida.
-¿Se va a resolver ese problema con la famosa conciliación?
-Hace falta más que conciliar. Hay que hablar de compartir. Conciliar es buscar un apaño. es lo de siempre, «échame una mano». Y es que no necesitamos una mano, es que el hijo es tuyo y mío y tenemos que buscar la forma de compartirlo. Y luego hay que hacer muchas reformas sociales: los horarios escolares no pueden seguir igual, no puede haber dos meses de vacaciones...
-¿Es la batalla pendiente?
-Es una de ellas, otra es la incorporación al empleo en condiciones de igualdad o que el cuidado de los demás no recaiga sólo en nosotras, porque no es sólo el cuidado de los hijos, luego cuando eres abuela los nietos, los mayores... Cosas que hacemos con mucho gusto porque es siempre cuidar a la gente que más quieres pero ¿por qué nosotras?, ¿por qué no ellos también?
-De las cosas que ha hecho en política ¿qué es lo que más le ha gustado, lo que más satisfacciones le ha dado?
-Me ocurre que como tiendo a ser positiva, me ha gustado siempre aquello que he hecho. Excepto, o al menos es lo que menos me ha gustado, la política local, la política municipal es lo que menos me ha gustado. Lo que más, o al menos, me satisfizo mucho ser delegada del Gobierno y gobernadora civil, por lo que de novedad tenía en mi vida que nunca me pude imaginar que iba a vivir en la Plaza de España y que iba a mandar a la Policía y a la Guardia Civil... Y además fue una experiencia maravillosa.
-¿Se hubiera imaginado en sus años de joven roja que iba a mandar a la Guardia Civil?
-No, en absoluto. De hecho yo tuve una multa en los últimos años del franquismo del que entonces era gobernador civil, Luis Fernández Madrid porque había cortado una carretera en Estepa. Por eso me gustó... De mi época de diputada me gustan las grandes amigas que hice allí. Incluso en el Senado, que la gente dice que es un rollo, yo lo pasé francamente bien, en esa época empecé en las tertulias.
-Usted siempre ha sido mujer de amigas, de tertulia, de grupo. ¿Cree que las mujeres necesitan hacer lobby?
-Sí, lo necesitamos. Necesitamos compartir con las demás lo que te pasa y ver que no te pasa sólo a ti. El mundo de las mujeres es un mundo fascinante porque es difícil.
-En su libro habla del Lobby de mujeres de Córdoba y de los cambios de lenguaje que defiende incluido el término «miembra» que usó la ministra y que creó tanta polémica...
-Sí, lo defiendo. El otro día estaba con una catedrática de lengua y manteníamos esta discusión. Ella defendía que sonaba feo y yo le decía «pues se terminará diciendo» y me reconoció que sí, que igual se acaba diciendo, porque el problema es que no estamos acostumbrados. Igual con capitana o generala... En cualquier caso no es un debate sustancial pero tampoco es para que se organizara la que se organizó. Ahora a Cibeles le llaman «Fashion WeeK» y nadie dice nada, pero en el momento que afecta a las mujeres se forma un lío. Todo lo que nos atañe a las mujeres es objeto de escándalo y yo en esto tengo mucha experiencia.
-En su libro usted promete que no va a hablar mal de nadie, pero en el primer capítulo que dedica a su salida de la política, Pepe Caballos que era secretario general del PSOE sevillano, no sale precisamente bien parado...
-No hablo mal de Pepe Caballos, digo lo que me pareció aquel proceso, que no me gustó y como no me gustó lo que hizo con todas las mujeres que estábamos en las listas anteriores pues lo cuento. Lo mismo que cuando una vez, más tarde en el AVE me lo encontré y me dijo que es que yo llevaba mucho tiempo en política y había que renovarse. Yo pensé que de acuerdo, pero que el mismo tiempo llevaba él. ¿Por qué no se renovaba?
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