Lunes, 27-10-08
EL laureado Juande Ramos en el paro; quien lo sustituyó en el Sevilla, Manolo Jiménez, piropeado por su trabajo, y al que reemplazó en el Tottenham «por inútil», Martin Jol, tercer clasificado de la liga alemana con el Hamburgo. Paco Chaparro, en su primera temporada desde el inicio en un club de Primera división se ha ganado en apenas ocho jornadas el respeto de todos, mientras que Héctor Cúper, hace un año en el banquillo bético, condecorado por la historia, se tuvo que ir a Georgia a entrenar (al menos, trabaja, que otros ilustres y recientes ocupantes de la banda bética, no poco afamados, como Irureta o Víctor Fernández, hacen cola en el INEM).
A tenor de lo dicho habrá quien apostille que «el fútbol no hay quien lo entienda», pero esa es una mentira poco piadosa de los muchos tunantes que se amparan en el azar para seguir vendiendo su mercancía escacharrada. El fútbol sí es fácil de entender, pero sólo desde la perspectiva de una actividad empresarial del siglo XXI. O sea, que no sale un buen chorizo porque el cerdo fuera muy simpático y tuviera un matarile con música de Vivaldi sino porque estuvo bien alimentado, cuidado, sacrificado, sazonado, curado y finito en una boca de paladar agraciado.
A Manuel Ruiz de Lopera le cabrea infinito que se le diga que el Betis carece de estructuras, pero le ha bastado medio crearla en el aspecto deportivo y los resultados ya se empiezan a ver: unos fichajes que suman, un equipo que funciona. El camino se lo habían mostrado los eternos y muy particularmente su homólogo José María del Nido, que a poco de acceder a la presidencia pronunció una frase lapidaria que algunos confundieron con un bla bla bla: lo importante es el proyecto y no los individuos. Y menos los chuflas, claro.

