Publicado Jueves, 20-11-08 a las 07:37
Fue sólo una frase, pero lapidaria. De las que lo dicen todo. Preguntaban ayer al alcalde por su opinión acerca de las manifestaciones realizadas el martes por el delegado provincial de Cultura de la Junta de Andalucía, Bernardo Bueno, en las que vino a recomendar al Ayuntamiento que hiciera caso a las apreciaciones de Icomos sobre el proyecto de la torre Pelli, ya que de lo contrario la consideración de Sevilla en la Unesco podría variar. Y Sánchez Monteseirín sólo respondió ayer: «Ya hablaré yo con el jefe del delegado de Cultura».
La frase tiene distintas interpretaciones, sin olvidar la más que velada amenaza para el cargo público de la Junta al que el alcalde no pedirá cuentas directamente. De camino queda por determinar a quién se refiere el alcalde cuando alude «al jefe» de Bernardo Bueno, si es la consejera de Cultura, el propio presidente de la Junta u otro dirigente socialista.
La cuestión es que no escapa la distancia que se abre entre la política municipal y la de determinados altos cargos de la Junta en Sevilla.
Si el martes, el teniente de alcalde Rodrigo Torijos arremetía contra el delegado de Empleo de la Junta en Sevilla, Antonio Rivas, por ser un «instrumento» contra el pacto «de progreso» suscrito por comunistas y socialistas en la capital, ayer la frase de Monteseirín sobre el delegado de Cultura refleja que tampoco en esta materia hay buenas vibraciones.
Y extraña porque desde otros sectores políticos y sociales se ha venido criticando en los últimos años la docilidad mostrada por Bernardo Bueno como presidente de la comisión de Patrimonio que ha tenido que opinar sobre distintos proyectos claves para la gestión municipal, como las catenarias del tranvía, la Alameda, la Encarnacion y la propia Torre Pelli, entre otros asuntos. Desde Cultura no se ha ocultado en estos años cierta incomodidad por tener que solventar políticamente polémicas surguida a raiz de proyectos municipales controvertidos.
No obstante, Bueno eludió en última instancia asumir protagonismo en la autorización de la torre Pelli. En 2005 estimó innecesario que el proyecto fuera supervisado por la comisión de Patrimonio al no afectar a la lámina de agua y estar distante del casco histórico. Así, desvió la patata caliente a la Direción General de Bienes Culturales que no se opuso al proyecto de la torre.


