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Jueves, 11-12-08
Hace unas semanas le escuché a Iñaki Gabilondo en su telediario un comentario sobre el crecimiento del número de abortos en España que me pareció afortunadísimo. En síntesis, lo que vino a decir es que esta evolución responde en gran medida a la frivolidad con que los jóvenes se enfrentan al sexo. Claro que lo que tenía que haber apuntado a continuación es que prácticamente todas las televisiones, incluida la suya, son las primeras responsables de que los adolescentes no tengan otra cosa en la cabeza que sexo y más sexo. En la inmensa mayoría de las series programadas en «prime time», las relaciones sexuales, cuando no el nudo de la trama, son un ingrediente fundamental. Y desde luego el tipo de sexo que se vende no es precisamente el más apropiado para influir positivamente sobre la responsabilidad de los chavales. No se trata de una cuestión de ideología, ni tampoco de convicciones religiosas. Éste es un tema que nos concierne y que nos debería preocupar a todos, creyentes, ateos, de derechas o de izquierdas. Lo que se dilucida aquí no es si nuestros jóvenes tienen que ser fieles a sus parejas, o practicar formas de sexo más o menos convencionales, o esperar a conocerse unos meses, un año o dos años antes de «hacerlo». Lo que está en juego es si el sexo es una gimnasia o es algo más. Si «pasa algo» o «no pasa nada por echar un polvo». Si es una cosa que hay que pensarse, o mejor no pensar nada. Una noche que regresé tarde a casa, hace ya algún tiempo, me tropecé con una pareja muy joven en plena «faena» encima de un coche. Seguramente, acababan de conocerse. El problema no es sólo que estuvieran en la calle. El problema, como dijo Gabilondo, es que estaban frivolizando con el sexo. Y mientras esto siga así, los casos de aborto seguirán en aumento, por más que inundemos los institutos de píldoras y de preservativos.
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