Lunes, 22-12-08
LARA MARTÍNEZ MARTÍNEZ
SEVILLA. Unas tijeras e impresos de propaganda comercial pegados a sus dibujos bastaron a Georges Braque y Pablo Picasso para inventar el collage en el otoño de 1912. En ese momento, alteraron la forma en que se hacía y recibía el arte. Le seguirían grandes maestros como Gris, Arp, Magritte, Chillida o Pollock, que apoyaron la técnica convirtiéndola en la más representativa del arte del XX. La muestra «Collage á trois» en Murnau Art Gallery (Plaza San Leandro, 10) rescata el espirítu iniciado el siglo pasado según la concepción de tres jóvenes artistas: Olmo Longarbo, Pedro Delgado y Cristina Bendala.
Después de participar en la colectiva «Toros» de La Caja China, Olmo Longarbo (Sevilla, 1976) se planteó qué hubiera sido de Lady Gulliver si también se hubiera atrevido a viajar como su marido. Esa idea germinó en la mente del artista, extrayendo de su rico mundo interior escenas representativas y simbólicas de los periplos de este personaje. Profundizar en el collage manual creado por este artista será adentrarse en paisajes oníricos tras la visita de Lady Gulliver a Hollywood, California, Vietnam... La atracción por la simbología de este creador se percibe en cada una de sus piezas. Tanto en «Susto (Edwood)» y «Los amantes y los voyeurs», como en «Chocolate king» o «Pacto de Letrán», dos piezas ajenas a los viajes de Lady Gulliver. Ésta última recuerda el acuerdo entre la Santa Sede y Musolinni para crear El Vaticano. En ella, unas manos de mujer cogen con pinzas a hormigas que intentan alcanzar el auricular de un teléfono colgado del cielo: «Para mí el collage es un medio de expresión desde siempre: ahora, lo que fue un hobby se ha convertido en la técnica que utilizo en mis piezas». Todo un perfeccionista, «cuido que el papel tenga el mismo satinado, los elementos superpuestos no se perciban, la limpieza de la pieza...Componiendo siempre el collage como si fuera una pintura». Tras encontrar el tema principal, Olmo imagina una acción que, posteriormente, recreará con recortes seleccionados exclusivamente para la pieza.
El proceso creativo de Olmo poco tiene que ver con el de Pedro Delgado. Coleccionista de papel impreso, desde envoltorios recogidos en sus viajes a tickets, este joven onubense afincado en Sevilla cuelga ocho piezas donde cuenta historias diferentes que invitan a la reflexión política, «Pizza y circus», o social, como la problemática de recursos del Coltán en «El congo tártaro» o la propuesta «D.I.Y.» (Do it yourself) «que invita a cambiar el consumo por aprender a hacerlo uno mismo». El collage le permite plantear cuestiones filosóficas en «Ubi sunt», recordar una antigua canción francesa por su cincuenta aniversario homenajeando la historia del revisor del metro con recortes de planos de la ciudad y de las líneas subterráneas o rescatando tickets agujereados. Juega también con la impresión a partir del diseño digital. Su proceso creativo empieza con un concepto, «lo investigo por la red de modo aleatorio y voy relacionándolo». Suele incluir texto en las imágenes «para que el observador investigue por su cuenta», propuesta que mantiene en dos de sus piezas relacionadas con San Antón donde habla de lo aleatorio: «Son colecciones de papeles que muestran cómo mezclando distintos elementos se llega a un sinfín de conclusiones diferentes». Desde su primera colectiva en 2001, Delgado parte de cero en cada exposición.
Cercanos a las piezas de Delgado, bocas, ojos y otros elementos recortados de revistas, robados de una vida para crear otra, han nacido los extraños seres de Cristina Bendala (Sevilla, 1979) que ahora habitan Murnau: «Surgen espontáneamente, como un juego». Estos alargados cuerpecillos tienen personalidad propia: «El objetivo es que inspiren historias a aquellos que los observen».

