
MILLÁN HERCE Mario Conde, ayer, antes de iniciar su charla a los internos del Centro Penitenciario de Sevilla
Jueves, 22-01-09
El sol no tiene el mismo brillo cuando se contempla detrás de unas rejas. Ayer lució, pero a buen seguro que a los internos del Centro Penitenciario de Sevilla no les reconfortó tanto como al resto de los sevillanos.
Sin embargo, fue un día que se salió de la monotonía diaria. Porque recibieron una visita que venía, en cierto modo, a romper la rutina que se repite no más se levantan por la mañana. Ayer, la cultura entró en la cárcel de la mano de libros... y de Mario Conde, que acudió convocado por la Escuela de Escritores, que hizo, por segundo año consecutivo, una donación de libros al Centro Penitenciario.
Mario Conde fue claro y tajante en su charla a los internos, que interrumpieron en varias ocasiones al ex banquero. Conde dijo haber aceptado esta invitación para «así hablaros de mi experiencia -ingresó en prisión en Nochebuena de 1994 y hasta este año no ha obtenido la libertad condicional-. A una persona privada de libertad, que le hablen de libros puede parecerle una tontería. Puedo decir palabras bonitas pero para vosotros la única palabra que tenéis en la mente es la de libertad».
Leer en prisión
«¿Para qué sirve todo esto? -preguntó a los reclusos Conde-. El libro, antes, durante y después de mi paso por la cárcel ha sido muy importante. Antes de entrar en prisión había leído mucho. La noche en la que ingresé, el director me dijo que, para distraerme de lo que suponía ver por vez primera la celda, leyese. Me costó trabajo entenderlo. La segunda vez que entré en prisión -todas en Alcalá-Meco- ya leí más, y mucho más la tercera. Y me sirvió de mucho».
Libros -«entre 300 y 500 habré leído en todo el tiempo que he estado en prisión»-, que hicieron que Mario Conde se aventurase a escribir la obra «Derecho penitenciario vivido», con la que pretende «enseñar a los que estáis privados de libertad cómo con el Derecho se pueden conseguir trozos de libertad», ya que haya fundado una pequeña editorial, «Séneca», en la que «publico cosas muy raras, entre ellas cosas mías».
Sin lugar a dudas, las palabras de Mario Conde encandilaron a los internos, quienes siguieron con interés las distintas ideas que quiso plasmar el ex banquero. Y con las preguntas de aquéllos vinieron los momentos más jugosos de este encuentro.
«Yo he estado contigo en Alcalá Meco», le dijo uno, a lo que respondió que qué hacía allí, a lo que se encogió de hombros.
Esto dio paso a que se hablase de libertad. «Un minuto de privación de libertad es un montón de tiempo. Este no es vuestro sitio. Si uno no pelea por estar fuera, habrá fracasado el sistema, pero sobre todo habrás fracasado tú. Es verdad que la cosa está complicada ahí fuera, pero al menos detrás de esas rejas hay esperanza».
Es por ello que Mario Conde, además de animarlos a leer, les instó a que luchen por conseguir la libertad e integrarse en la sociedad. «Yo he estado ahí, donde vosotros. Y la única palabra que me llenaba era libertad. Y es la que os tiene que llenar también».
«Es muy humano»
Conde también respondió a preguntas sobre supuestos tratos de favor mientras estuvo en la cárcel, algo que negó, señalando que era el primero que se levantaba en Alcalá-Meco para preparar los desayunos, y que el único «privilegio» que tuvo fue estar en la celda -«como todas las demás»- solo, aunque fue por seguridad.
Los presos quedaron encantados. «Es una persona muy humana», señalaba Manuel, que lleva tres años y medio en la cárcel y le quedan al menos siete más. «Me ha gustado que haya usado tantas veces la palabra libertad. Es lo que nos hace falta aquí».

