Sábado, 31-01-09
He dedicado tantos artículos a señalar los fallos y debilidades de nuestra enseñanza pública, que no quiero desperdiciar la ocasión de llenar esta columna de elogios hacia un centro público, el IES Albero de Alcalá de Guadaira. Ya me parecía a mí que tenía que ser un centro especial, porque hace menos de un año el IES Albero publicó «Elogio de la palabra» (2008), un libro que reúne 269 textos de escritores, artistas, científicos e intelectuales de todo el mundo —entre los que hay Premios Nobel, Premios Príncipe de Asturias y Premios Cervantes—, quienes exhortan a los estudiantes a leer, estudiar y aprender. Sin embargo, hace unos días comprobé «in situ» por qué el IES Albero es un centro especial.
Un grupo de alumnos —que va desde los pequeños de 1º de la ESO hasta los mayores de 2º de Bachillerato— ha fundado un maravilloso Círculo de Lectores, con la finalidad de compartir su entusiasmo por la lectura. También vi un enorme mural donde los chicos que han leído un libro estimulante, redactan una breve reseña para orientar a sus compañeros. Y finalmente tuve un encuentro con los estudiantes de Bachillerato y de los últimos cursos de la ESO, con quienes pasé una hora estupenda hablando de cómics, clásicos, escritores y lecturas. No quisiera dejarme a nadie en el tintero, pero me conmovieron el interés y las preguntas de Darío, Gema, Melina, María (la del barroco), Cristina, Marta, María (la del primer pupitre), Emilio y Curro, entre otros nombres y rostros que todavía zumban en mi memoria (Aurora, ¿estás ahí?).
El sistema educativo puede estar en crisis, pero mientras haya profesores y estudiantes como los del IES Albero, las semillas de la excelencia seguirán germinando. Escribo esta columna porque estoy persuadido de que los alumnos del IES Albero la leerán y quiero que les conste que me haría muchísima ilusión que la complicidad de nuestro encuentro reine en todas las clases, que los considero un modelo extraordinario para los escolares de cualquier país del mundo y que son muy afortunados por contar con profesores como Rosa, Javier y Juan Antonio.
Se llama Albero y no está en Finlandia, sino en Alcalá de Guadaira.

