Miércoles, 11-02-09
Escribo de nuevo sobre Marta del Castillo cuya aparición sana y salva todos, sin excepción, deseamos y por ello pedimos, cada uno a nuestra manera.
Está toda Sevilla y prácticamente todo el país empapelado con su foto. Cada cartel es un grito callado de esperanza que ha pegado en la pared gente de cualquier clase y condición, por lo general gente que no conocía a Marta antes de que desapareciera.
Nadie más que los suyos, que su familia, su padre, su madre, su abuelo, sus vecinos o sus amigos son los que desean tenerla a su lado. Por tanto en nadie más que en ellos, a medida que pasan los días, se asienta el nido de la desesperanza. Hay que estar junto a ellos, claro.
Pero también hay que estar junto a los cientos de personas, desde el Ministro del Interior al último número de la Policía o la Guardia Civil, que realizan sin descanso un trabajo callado lejos de los focos para determinar el paradero de la joven sevillana.
Me parece oportuno que esto se subraye. Y que se subraye hoy. Por unas declaraciones del padre de Marta, que hasta pueden llegarse a comprender, parece que en la opinión pública se ha comenzado a asentar la idea de que la falta de resultados responde a una falta de tino en la investigación.
Pero en estas cosas lo más importante es lo que no se sabe, los pasos más certeros, los que jamás conoceremos. Pongo siempre el mismo ejemplo, el de Ortega Lara. Cuando la Policía, los GEOS, le descubrieron en aquella cárcel subterránea, conocimos la cantidad de horas de trabajo que les había llevado a localizar aquella nave. No estamos ante una Policía despistada o una Guardia Civil inexpertas. Estamos, y eso debe provocar nuestro orgullo, ante uno de los cuerpos de seguridad más eficaces de toda Europa, a años luz de otros, forjados por las circunstancias de la realidad de España, un país que ha tenido que luchar contra el terrorismo en el último medio siglo.
Al padre, a la madre, a la familia y los amigos de Marta cada minuto que pasa le debe parecer un mundo y es lógico. Yo estoy deseando que aparezca pero mientras tanto sé, porque confío, que la investigación y los trabajos están en buenas manos.
En muy buenas manos.

