Miércoles, 18-02-09
Que yo no conozca los méritos de Rosario Valpuesta no quiere decir que no los tenga. Le pregunto a mi amiga Mayte Chacón y me los cuenta: que ha sido una mujer puntera en el mundo de la universidad y punta de lanza en la presencia de la mujer en el ámbito de las facultades. Perfecto. Va a tener una calle en el Casco Antiguo a propuesta de las Mujeres Progresistas (sonido de cascabeles y pandereta) y apoyada por 14 asociaciones. En la Junta Municipal del Distrito votan en contra representantes del PP (también sonido de cascabeles y pandereta) y un independiente. Valpuesta ha sido conocida fundamentalmente por haber sido la primera rectora de la Olavide, una Universidad Pública que parece privada por su alta carga ideológica. Como ejemplo sirva el nombre de un profesor: Lolo Silva. Como pionera no se duda de su meritaje. Pero sinceramente creo que antes que Rosario Valpuesta hay mucha gente cuyo nombre merece constar en el callejero. No tiene calle Soledad Becerril, primera ministra de un gobierno de la democracia y primera alcaldesa de la historia de Sevilla; no tiene calle Amparo Rubiales, la primera mujer que se sentó en el gobierno de Andalucía y tampoco la tiene Pina López Gay, una historia humana y política de la transición emocionante y trágica. Eso sí, como se pretende, hablamos de mujeres. Pero si olvidamos las cuotas y esa obsesión de algunas asociaciones para que la sociedad paritaria «se visualice» en las calles y en cada uno de los aspectos de la vida, como esas que pidieron en las televisiones el mismo tiempo de información deportiva paras hombres que para mujeres, existes otros casos flagrantes de olvido; no tiene calle Felipe González, ni tiene calle Manuel Clavero, ni Jaime García Añoveros… Al entenderse que se encuentran aún en activo y que parece que eso es un pecado, no tienen calle los vicepresidentes del Gobierno que llegaron a la Moncloa desde Sevilla: Alfonso Guerra y Javier Arenas. El callejero ni debe ni puede ser el reflejo del cascabel y la pandereta de algunos. Con todos mis respetos para la rectora Valpuesta; el nombre de una calle, es algo mucho más serio.

