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Martes, 10-03-09
El patético empate de Mallorca, un punto agrio por lo dulce que sabía la victoria a veinte minutos del final, ha venido a dar la razón a quienes mantienen que Paco Chaparro es incapaz de darle equilibrio e identidad a la que, en términos colectivos e individuales, es la mejor plantilla bética de los últimos cuatro años. Desde el otero estadístico, más allá de lo contemplado en terreno balear, se observa que el Betis apenas compensa con los goles que marca la hemorragia incontrolable que sufre su puerta, abonada al gol en los últimos 18 partidos, que se dice pronto, y la tercera más perforada de Primera. No hay delantera que pueda taponar con su eficacia goleadora semejante sangría.
Sería irresponsable e injusto culpar sólo a los defensas de los males del equipo. Es el sistema el que no funciona, son los de arriba los que con su falta de compromiso defensivo comienzan a socavar la frágil fortaleza de sus colegas zagueros, es el entrenador el que no tiene respuestas para preguntas tan fáciles como las que se le planteaban en Son Moix: ¿cómo puedo evitar que la banda izquierda sea una autopista sin peaje hasta mi puerta? Mucho es lo que falla: una defensa débil, unos atacantes poco solidarios y un entrenador cuyo único argumento ante las exigencias del juego son los aspavientos en la banda.
El domingo visita el Ruiz de Lopera el Osasuna, un rival tan directo aquí y ahora que de ganar bien pudiera dejarle a su rival el asiento de pasillo que ocupa en el vagón del descenso. Como el equipo del presente no se parece en nada al que comenzó la competición, no podemos decir que sería conveniente repasar los conceptos. Basta con pedir que haya unión, solidaridad entre las líneas, concentración, dignidad y coraje en el césped, y lucidez al borde del mismo. Lo mínimo exigible a unos profesionales.
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