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Publicado Lunes, 11-05-09 a las 08:04
El molino de Vadalejos había pasado a ser sólo una referencia en la memoria de los mayores de la ciudad, un eco del pasado sin entidad física, un lamento por el patrimonio. Sin embargo, ha renacido del olvido y se muestra de nuevo íntegro mostrando una página de la historia de la ciudad y ayudando a la comprensión del uso del agua como energía de las construcciones molineras de la etapa industrial.
Se pensaba que el viejo molino de Vadalejos había desaparecido, pero estaba casi intacto, embutido en las construcciones de una granja a orillas del Guadaíra. A sus viejos lienzos de muro se fueron añadiendo tabiques y dependencias que lo ocultaron y desvirtuaron. Se pensaba que había sido destruido, pero estaba allí resistiendo a los años. Las obras de reforestación y ampliación de espacios verdes que se llevan a cabo en el entorno del Puente del Dragón se toparon con una vieja granja, que se planteaba eliminar.
Ya restaurado
La sorpresa llegó cuando se vio que una parte de ella era una construcción más antigua. Era el olvidado molino de Vadalejos. Ahora se ha despojado de añadidos y muestra su silueta ya restaurado, con su sala de molienda, las dependencias de uso del molinero y una pequeña torre con un almacén en la zona alta para guardar el grano en caso de crecida del río. Y lo que resulta tanto o más interesante, se ha desenterrado el sistema de acequias que llevaban el agua a su interior y hacían funcionar las piedras que molían el trigo para convertirlo en harina.
El molino tiene un interés añadido por corresponder su tipología a de los molinos de cubo. Esto significa que tomaba el agua no del río sino de un manantial, por lo que no está en la orilla del río, sino algo más arriba. En este caso el manantial era el arroyo que alimentaba la Fuente de la Judía, muy próxima. Sus aguas se conducían para precipitarlas desde lo alto al interior y la fuerza de la caída era la que se empleaba para accionar las piedras. Luego era necesario desarrollar otro sistema de conducción para evacuar el agua. Su curso seguía para mover aún otro molino, este ya muy cerca de la orilla del río y del que apenas se aprecia aún la boca del cubo por el que le llegaba el agua y algunos lienzos de muro ya casi totalmente derruidos. Para el de Vadalejos aún se ha llegado a tiempo y en él se desarrollan los trabajos para incorporarlo como elemento destacado en el nuevo parque creado en los alrededores del Puente del Dragón, en un hermoso paraje que tiene el Castillo como fondo.
La naturaleza e historia de este molino está íntimamente vinculada con la de la Fuente de la Judía, que también se ha restaurado, abriendo un nuevo capítulo en su azarosa historia. La única referencia escrita al molino la encontramos en la obra «Orígenes e Historias de Alcalá de Guadaíra», de Francisco García Rivero, donde además narra la historia de la Fuente de la Judía. Según explica, a finales del siglo XIX la Compañía Inglesa de Aguas (The Seville Water Works Company) captó aguas de esta fuente para enviarlas a Sevilla y taparon la fuente con una bóveda imposibilitando el acceso a la misma.
Un grupo de alcalareños se quejó al verse privados del disfrute de un bien público y el Ayuntamiento actuó de inmediato destrozando el cerramiento y permitiendo el acceso. Tras un litigio entre Ayuntamiento y compañía de aguas, esta última accedió a construir la actual Fuente de la Judía dotándola de la hornacina y los bancos que aún hoy se ven y colocó una lápida con una cita de Horacio que puede traducirse como «A ti la hora de la atroz canícula no sabe tocarte». La lápida desaparecida también apareció en las obras del entorno y se expuso en el Museo. Está previsto hacer una copia para colocarla en el emplazamiento original.
Veinticuatro molinos
Con la recuperación de este molino, son 24 los que jalonan la ribera del Guadaíra y de ellos, diez responden a la tipología de «cubo». Ahora queda realizar una labor de investigación sobre el molino para determinar el periodo de ejecución. Los topónimos que le dan nombre, ya que también se le conoce como «Guadalejos», tienen ecos muy antiguos, su proximidad al Castillo abre también interesantes hipótesis y justifican una investigación que podría arrojar nuevos datos sobre la tradición molinera de la localidad.
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