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Jueves, 14-05-09
LA Escuela Universitaria de Trabajo Social de Jerez acaba de difundir un estudio sobre «comportamientos de riesgo» entre los estudiantes de ESO, cuyos resultados no pueden ser pasados por alto por cuanto significan en la conducta de una parte de la población que, por su edad, se encuentra en pleno proceso formativo de la personalidad. Según las conclusiones del estudio, uno de cada dos niños de entre doce y quince años ha consumido alcohol y practicado sexo, y casi el sesenta por ciento de la población encuestada ha mantenido relaciones sexuales completas. Muchas son las lecturas que, sin entrar en consideraciones mojigatas, pueden hacerse sobre las conclusiones del trabajo, y una de ellas es la confirmación de la precocidad con que los menores se inician en unos peligrosos hábitos de cuya extensión no son los únicos responsables. Fácil es poner el grito en el cielo por lo que cantan las cifras, pero mucho más difícil es admitir, por ejemplo, que si un 68 por ciento de los adolescentes de Sevilla bebe alcohol es porque tienen acceso libre al mismo, e incluso a lugares donde consumirlo con anuencia oficial, lo que los alienta a adoptar como normal un hábito pernicioso que, ya sea por desinformación o por falta de tutela, puede acabar pasándoles factura.
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