Actualizado Martes, 19-05-09 a las 23:16
La Entrevista en esta ocasión se reviste de campo. Digamos que cambia levemente de género y se mete en terreno del reportaje. Será una entrevista reportajeada como concesión. El motivo vale la pena, ver torear en el campo a Finito. Gloria bendita porque pocos son mejores que Finito en el campo. Ni le ponen más argumento ni lo visten ni lo disfrutan como él. La cita era en lo de Fuente Ymbro nada menos. No se extrañen. Los toreros, los que pueden, eligen donde están a gusto y los gustos de los toreros son sentimientos inescrutables. En Los Romerales, la finca de Ricardo Gallardo, el de Córdoba ha firmado jornadas inolvidables y no sólo eso, en la plaza cuajó toros de ese hierro que quedaron para el recuerdo. El año pasado indultó en Almagro a Sabueso y cuajó a Golpeado en Palencia, por citar sólo los últimos. Quiere decir que hay química. Lo prueba además que todos los años, antes y después de Navidad, cuantas veces apetece y le dictan sus sentimientos inescrutables, es decir, cada vez que le viene en gana, el Fino, así le llaman los amigos al de Córdoba, coge el teléfono y pide por su boca: Ricardo encierra unas vacas. La respuesta es inmediata, Ricardo se reviste de gozo y tira de ordenador para ver qué vacas le pueden ir mejor al Fino para que el Fino esté a gusto. Por todo eso, una vez puesta la fecha, no me lo quise perder. Ya se lo expliqué a ustedes, hay gozos que alimentan el espíritu que uno no debe dejar pasar.
Cuarenta minutos, no conviene correr, después de dejar atrás San José del Valle hemos llegado. El ronronear del cuatro por cuatro dio paso a un silencio campero transparente. Limpio. Un silencio de tacto suave. Al fondo, un toro solitario con cuajo de plaza de primera se echaba el pienso por lo alto y turreaba belicoso proclamando sus ansias de guerra. Un bramido y todo seguido el silencio... otro bramido sostenido y de nuevo el silencio... Lo observamos desde dentro del coche. Es toro de los que se te meten en el corazón y no se olvidan. Inconfundible. Está sin fundas en los pitones a buen seguro que como consecuencia de su brega. Es levemente bizco del izquierdo y esa asimetría parece darle un aspecto más fiero: tiene cara de bravo. También es bajo. No está mal hecho pienso pero… ¡madre mía!
Es el ciento cincuenta y tres. Lo anoto para preguntar por él y me acabo enterando al final de la tarde, no se me había olvidado, que está reseñado para Sevilla. Ese es el cientocincuentaytres Hortelano, me confirmó el ganadero. A un hermano suyo -me apunta- le dieron la vuelta al ruedo en Almería. Lo mató El Cid, lo recuerdo perfectamente. Y otro hermano suyo, insiste en los datos Gallardo, se lidió en Abarán y fue posiblemente el toro de la casa que mejor embistió el año pasado.
No habíamos hecho pie en la tierra negra y fértil de Fuente Ymbro cuando una pareja de grajos rasgó el silencio campero con un vuelo próximo. A los graznidos y al tableteo fulgurante de sus alas le siguió una sentencia oral.
-Cuando el grajo vuela bajo hace un frío del carajo... se aventuró raudo Agustín Arjona.
Nadie sabía con certeza si la frase correspondía al sabio refranero popular o era un golpe de inspiración de Agustín impulsado por una realidad evidente. Lo único que sabíamos cierto es que sí hacía un frío del carajo. Todos asentimos y quedamos a la espera, naturalmente sin sacar las manos de los bolsillos, de que pronto los grajos volasen más alto o por lo menos que asomase cuanto antes el sol que aliviara. Rápido intuimos que la situación incluso podría empeorar a tenor de lo que añadió el propio Agustín que se estaba revelando como la estrella de la reunión convertido en una mezcla de experto refranero combinado con el hombre del tiempo.
-Y cuando vuela a trompicones hace un frío de...
Así que oído de nuevo a Agustín y su rima todos apostamos para que el grajo siguiese volando bajo. Me ajusté los guantes, me subí la bufanda ¡madre que me quede como estoy! y valoré todavía más las tostadas que sirven en las ventas del entorno, una rebanada de pan de dimensiones espectaculares, bien regada con aceite de Los Remedios de Olvera y recubierta de jamón del fetén. ¡Que sea de Segundín!... por favor. Y para acompañar, un café con leche bien caliente. Y luego que los grajos vuelen como les salga de los… trompicones.
ENTRE EL GAUDALCACÍN Y LA SIERRA DE LAS CABRAS
A Los Romerales, que está unida a Fuente Ymbro, la finca original que da nombre a la ganadería, se llega por la carretera de Cortes, la que va desde San José del Valle a Algar después de dejar atrás el cruce que lleva a Arcos. Si alguna vez tiene ocasión y tiempo no deje de tomar esa carretera de Arcos. No es ruta principal pero sí de gran belleza que te mete en el pantano de Guadalcacín y te pasea por encima de la mismísima presa. El Guadalcacín, que es el embalse más grande de la provincia, llega desde allí hasta las puertas de Garcisobaco, la finca de Santiago Domecq. Por cierto, me encanta la nomenclatura de la zona, verán, en el Guadalcacín vierte el río Majaceite que nace en Benamahoma, en plena sierra de Grazalema para unirse luego al Tavizna… No se puede ser más árabe.
La de Cortes es una carretera de campo bravo, quiere decir no muy ancha, con sus curvas, las necesarias para obligarte a mantener la atención y sus tentaciones paisajistas que para novatos y curiosos le dan un plus de peligrosidad jodido. Como te gane la vista una piara de vacas o una bandada de perdices, adiós. De izquierdas, entre el pantano y la carretera, están los cercados de los toros, las instalaciones y la casa de los ganaderos. Es tierra más secante en las que ahora con las lluvias se hace difícil trajinar por ellas y pone a prueba la tracción de los todoterrenos.
A la derecha, como colgados, en las primeras laderas de la Sierra de las Cabras están los mejores cercados de Los Romerales, yerbunos como se dice en el campo a las tierras muy herbosas y con buenos abrigos en los que Gallardo tiene las vacas con los sementales. Allí encontré padreando por vez primera a Harinero después de que lo indultasen en Valencia y allí están este año los erales.
Y más arriba, tirando para la sierra, los amigos de la naturaleza podrán disfrutar de una vegetación de ensueño con madroños, brezos o laureles o especies de mayor vuelo como los alcornoques y ya más próximos a las zonas húmedas los sauces sin que falten las sabrosas zarzamoras.
No hace falta decir que lo de Fuente Ymbro es una de las ganaderías que le han devuelto crédito a lo Domecq después de un tiempo en que este encaste era la madre de todos los males. En la actualidad está en la cumbre de su propia historia, habita entre las toristas y las que apetecen los toreros -al menos para los días de compromiso-, colecciona premios y reconocimientos y tiene su punto de respuesta, llámese enemigos, como corresponde a los que están arriba. En gran parte porque su propietario gusta de dar la cara y arriesga y porque el éxito trae también esas lasquillas.
Su triunfo no es casualidad. Tiene buenos mimbres. Un ganadero con afición, generosidad en el gasto, buena finca y una base importante: diversas compras iniciales de vacas y sementales de Jandilla y una compra definitiva que en su momento supuso el veinticinco por ciento del hierro de la estrella. Cifra que gana en espectacularidad si recordamos que Zalduendo o Juan Pedro se hicieron con no más del diez por ciento de esa misma ganadería madre.
ENCOMENDADOS A DIOS Y A LA SUERTE
El hierro de la casa que aparece en los primeros pilarones de las instalaciones confirma a los visitantes primerizos que no se han equivocado. Una herradura de la suerte, una G de Gallardo en el centro, justo donde debería estar el corazón y por encima de todo una cruz que da protección a esta bella historia y representa la religiosidad de Mari Paz, la ganadera. Lo primero al llegar a Los Romerales es darse una vuelta por cercados donde ya están apartadas las corridas de la nueva temporada. Gallardo sigue apuntando a las plazas de primera. El año pasado lidió en ellas 36 toros sin contar los de Pamplona que no tiene esa categoría administrativa aunque en la práctica ya se sabe, basta con decir que se llama la Feria del Toro y recordar que sale lo que sale por chiqueros.
-Este año la camada es muy pareja con la anterior, apunta el ganadero.
-El año pasado estabas enamorado del torocien que acabó lidiándose en Madrid y no fue lo que se esperaba. Este año…
-Este año me quedo con el cientocincuentaycinco, Rebueno, que irá a Castellón. Es hermano de otro Rebueno que se lidió el año pasado también en Castellón y se llevó el premio al mejor toro de la feria y hermano del Rebueno indultado por Vicente Barrera en Ciudad Real.
-¿Y el que has publicitado?... el que aparece en APLAUSOS pavoneándose por los aledaños de la placita frente a los azulejos que recuerdan los toros más célebres de la casa.
-Gran toro ¡eh! Se llama Oficial. Es el cientocincuentayseis. Hermano del toro que se partió la mano en Zaragoza. Todo lo que hizo fue extraordinario.
Olivenza, Ubrique, Castellón, Sevilla, Alicante, Pamplona, Mont de Marsan, Santander, Vitoria, Palencia, Bilbao, Murcia, Nimes, Logroño y Abarán es el calendario previsto para los fuenteymbros además del concurso de Vic y diez novilladas, una de ellas en Bilbao.
Seguimos el recorrido de los cercados. Vemos la corrida de Sevilla, mimada como si fuera la niña de sus ojos y entre ellos ese Hortelano que vuelve a aparecernos serio y distinguido. Y ni qué decir los lotes de Pamplona y Bilbao. Tremendos. Todo ese impacto visual se logra a pesar de las fundas de los pitones, sistema que ya saben que nació en Los Romerales y que hoy día tienen adoptado la mayoría de los ganaderos. Era una necesidad ante la gran cantidad de toros que veían cómo se frustraba su destino final. Toros que iban para plazas de primera y acababan teniéndose que lidiar en plazas menores o a puerta cerrada. El sistema es una mala faena para los fotógrafos y cámaras en general pero de grandes resultados para la economía ganadera. Le digo a Gallardo que no sé si le han reconocido el invento y él asiente.
-Muchos compañeros sí lo han hecho y públicamente. Entre ellos Cuvillo y Victoriano del Río que dice que gracias al invento de Fuente Ymbro pueden ir dos tardes incluso tres a Madrid. ¡Ah! lo siento por los fotógrafos, pero...
-Algún inconveniente tendrá aparte de la cuestión estética.
-Menos que ventajas. Lo peor es que las peleas, como no hay cornadas, son interminables. En ese aspecto han aumentado las bajas. Ahora pelean hasta reventarse. Eso y el coste de ponerlas, no hay más inconvenientes.
Detrás de un gran ganadero hay un gran mayoral. Eso es seguro. El de Fuente Ymbro no viene de reatas de grandes mayorales pero tampoco lo ha necesitado. Ahí están los resultados. El invento de las fundas, es un ejemplo, se debe a Gallardo pero también a Alfonso Vázquez, el mayoral de la casa que combina afición y paciencia. Dos ingredientes irrenunciables, que exige el toro en la plaza y, naturalmente, en el campo.
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Finito, toreo de arte y ensayo
Es la hora de encerrar. Esa es una de esas operaciones que siempre cautivan a los aficionados. Los que andamos con el vicio del toreo metido en los huesos siempre caemos en la tentación y hacemos cábalas. A mí, lo reconozco, se me van los ojos detrás de las gachitas. Me preocupan menos los kilos. Es una tendencia inevitable aun a sabiendas que son más importantes los riñones que los pitones, pero los ojos del deseo se me van a las gachitas como señal del valor o del poco valor o de los muchos años.
Le pregunto por las vacas que le gustan a Finito, por las que mejor le van.
-Fino no es de los toreros a los que más le elijo las vacas, me espeta de primeras Ricardo Gallardo pero no le acabo de creer porque junto a Alfonso, el mayoral que maneja las puertas con maestría de prestidigitador, a la vez que me respondía andaba revisando un montón de folios con números y fórmulas genealógicas que aspiran a tener la clave de futuros comportamientos de las vacas y la verdad sea dicha, es que vistos los resultados se aproximan en un gran porcentaje.
La operación de apartar las becerras es un cruce de palabras, guiños y complicidades entre mayoral y ganadero a la velocidad del rayo. Se entienden a la perfección con sólo mirarse ¡La colorada, sí, la fuerte, esa…! dice Ricardo señalando una erala que se apretuja contra otras varias y Alfonso contesta Es la Quinientos veinticuatro de crotal… No, esa no, la otra, responde el ganadero después de consultar los folios, Mira la otra, la del lado… Esa es la seiscientos setenta y uno de fuego, replica el mayoral… Esa vale, sí, sí, métela, esa es de las Volante. En ese instante la conversación vuelve a sus principios Alfonso, la negra aquella apretaíta, la que está en la cola del cabestro…
Todo sucede rápido, muy rápido, mezclando las voces que arrean las vacas con el sonido de los cencerros, los números dichos en voz alta y las órdenes, los guiños y los golpes secos de los cerrojos hasta que en una corraleta estratégica e inmediata quedan cortadas una docena de vacas por si Fino viene con ganas o por una eventualidad. Quién sabe, una visita, un arranque inesperado de un invitado como acabó sucediendo, un accidente…
-A Fino no le elijo las vacas, insiste Gallardo. Y si le elijo algo busco las más fuertes. Juan puede mucho y le gusta sentirse en el campo. Es muy poderoso.
Si tú lo dices…
Es la hora del tentadero. Finito ha llegado a Los Romerales rodeado de amigos y artistas y, entre los artistas, cuento a los toreros, cantaores, músicos, aficionados… todos envueltos en buena armonía. En términos de ahora, buen rollo. Llama la atención la indumentaria de la mayoría de ellos, muy moderna, yo diría que como extraída del Bronx con toques de Jerez. Ya saben, será cosa del mestizaje del que tanto se habla. Muchos de ellos con esa media barba que podría entenderse como abandono cuando en realidad es calculada coquetería. En cualquier caso se nota pronto el alma de torero y los pellizcos gitanos. El maestro, tan acreditado a la hora de vestir de corto, se ha inclinado hoy por lo caló. Traje negro, bien ceñido, chaqueta larga, camisa blanca, pañuelo anudado al cuello y una gorra con trabilla en la nuca para ajustarla bien.
Lo mejor es que todo suena a natural. A la hora de la verdad no hay concesiones ni artificios. Ni alivios festeros. Desde la primera vaca el Fino se emplea sin remilgos. Hay técnica y sentimiento. Se crece y deja suelta la imaginación. Si hay que inventar se inventa y a los lances bien asentados sobre las piernas le siguen los remates imposibles, las faenas de precisa técnica y desbordante poder. A las vacas con cara y a las vacas con riñones. Sobrado de condición física. Con gestualidad de artista grande. Según avanza el tentadero va creciendo. Tres, cuatro, cinco vacas… no hay respiro, sólo el alivio de algún aficionado que prolonga los intermedios. Hoy está Israel de Córdoba, que ha llegado con el maestro, y ha saltado Vicente García, que ha llegado desde Valencia a la querencia de los amores de Arcos. Fino aprovecha para cambiarse. Ahora pantalón vaquero. Ahora una chupa de guerrillero… Torero y esteta. Dos disciplinas y una sola firma. El maestro se calienta con la que saca dificultades, nada insalvable para él, y mece a las más dulces. En realidad todas, no sé si fueron seis o siete, quizás más, acaban dulces y sometidas. Desde el palco, sus amigos, los de Mushogitano, le acompañan con buen cante.
Mediado el tentadero aparece Paco Ruiz Miguel que no tiene inconvenientes de integración. Habla muy seguido y se le nota feliz. No había hecho más que llegar y era uno más de la fiesta. Una de las veces que anuncian que hay vaca cortada se adelanta el de la Isla, ¡Esa pa mí! A ciegas y sin más preparativos. Y esa acabó siendo la más grande, la de más leña y la más brava. Serán cosas del destino. Estuvo valentísimo, como siempre. De la misma forma que cuando dije yo ahí estoy, apareció la más bonita y la de más ritmo pero en este caso no me atrevo a decir que sea cosa del destino, supongo que sería más bien orden de Gallardo.
Al final salió Carmelo, el mismo que siendo un niño por las plazas de mi tierra lo anunciaban Carmelo la Locura, ahora retirado de los ruedos, empresario de buen ojo y hasta fotógrafo con aspiraciones. Salió Diego Robles, que toreó tan bien como explica. Salió Jaime Padilla, que además de torero, anda como promotor de artistas. Y al final, era obligado, el Fino dio otro recital de buen toreo. Me quedé sin ver torear al maestro Limeño que tenía compromisos lejos de Los Romerales y se ausentó así que tengo la excusa para volver.
Luego hubo cena, fiesta y cante. El menú generoso y bien regado y al final volvió a torear Finito. Pantalón negro, camisa negra, zapatos de charol, pañuelo de motas blancas y muleta domada. En los pitones Diego Robles, que interpretó toro de indulto y al cante, Joselete, el de Mushogitano: Te he visto torear, te he visto torear… En Romerales y no se puede aguantar. Ay Finito, ay Finito, te he visto torear… y me voy a emborrachar…
De lo que vino después no encuentro las notas. Tampoco me acuerdo.
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La berza de Pepa
Cada casa tiene su menú de tentadero. En Los Romerales me advierte que varía en función del número de invitados. Las tortillitas de camarones y papas con choco son menú frecuente aunque no hay que olvidar una buena berza de la tierra que en Los Romerales cocina Pepa, que en lo suyo es figura. La receta no es complicada: Garbanzos de la zona que no parecen tener piel, cardillos y tagarnina, que son el secreto para que no sea un potaje corriente y alcance nivel, carne de cerdo y de ternera, chorizo, morcilla y tocino fresco… El punto es cuestión de la gracia de la cocinera y el resto ya depende de la fortaleza del estómago y sobre todo de la fuerza de voluntad de cada cual para echar el alto.

