-¿En qué consiste lo que ha denominado «desconocimiento social» acerca del aborto?
-Sabemos con precisión que el embrión (desde la fecundación hasta la octava semana) y el feto son las primeras fases del desarrollo de un nuevo ser humano, que la vida empieza en el momento de la fecundación. Lo cierto es que la ciencia se compone de lógica y de hechos, por lo que queda más allá de los sentimientos, a pesar de lo cual desde posturas favorables al aborto y a la ideología de género se tienden a ignorar todos estos conocimientos, se ocultan, se tergiversan y se minimizan, por lo que no llegan a la sociedad. Es en definitiva un problema de educación. Falsear o interpretar erróneamente los datos de la ciencia es renunciar al conocimiento y si se renuncia al conocimiento lo único que queda es ideología. ¿Cómo se puede legislar sin conocimiento del hecho sobre el que se legisla?
-Defensa de la vida, intelectualidad, creencias, ideologías, religión... ¿Son irreconciliables?
-Las verdades que aportan las distintas ramas del saber nunca pueden ser irreconciliables, y cuando hablo de ramas del saber me refiero a la Ciencia, la Filosofía, la Teología... Excluyo las ideologías, pues éstas no obedecen a los hechos empíricos o los desarrollos lógicos de las ciencias positivas, sino a intereses espurios ó conveniencias políticas. El problema es que en la actualidad se tienden a ignorar o a poner los conocimientos, al servicio de lo que conviene. Que la ciencia sea neutra frente a un determinado problema de índole social no implica que haya que ocultar, desestimar, silenciar o malinterpretar sus aportaciones. El conocimiento de los hechos aportados por la ciencia es el principal antídoto frente a la ideología. De este modo, la ciencia y las creencias religiosas en materia de la vida humana reman en la misma dirección, porque desde la perspectiva de la biología no hay argumentos para discutir la condición de la vida humana con la misma intensidad en todas y cada una de sus etapas y porque desde la religión católica se valora la vida humana con un valor especial al reconocerle una dignidad superior a la de cualquier otra especie biológica por su singularidad espiritual. Un embrión o un feto no es persona en potencia sino persona en acto con potencialidades. Si esto es así, ¿quién se puede erigir en juez para determinar que una vida humana en curso es merecedora de alcanzar dicha plenitud?, y por lo tanto ¿cómo puede afirmarse que el aborto es un derecho?
-En el Manifiesto de Madrid se afirmaba que «la ciencia no es ajena al aborto»...
-En la Declaración de la Comisión de Bioética de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) sobre la Interrupción Legal del Embarazo se define el aborto como «la expulsión o extracción de su madre de un embrión o de un feto de menos de 500 g de peso (peso que se alcanza aproximadamente a las 22 semanas completas de embarazo)...». Según se explica en la citada Declaración, la interrupción de la gestación es un acto irreversible, de modo al embrión o al feto, que pudiera haber nacido, se le priva de su derecho a la vida. Es evidente que el aborto supone la destrucción de un embrión o de un feto y por tanto afecta a la conciencia individual y colectivo-social, por lo que su aceptación o rechazo requiere del conocimiento científico. Si la ciencia nos señala que el embrión y el feto son las primeras etapas de la vida humana, la conclusión es clara: la extracción o expulsión de un feto constituye un acto violento contra la vida humana. Desde esta perspectiva es evidente que la defensa del aborto desoye a la ciencia y solo obedece a razones ideológicas.
-El conjunto de células primeras tras la concepción y el embrión ¿son algo más que proyectos de ser humano?
-Los datos de la Genética, la Biología Celular, la Embriología, la Genética del Desarrollo y la Genómica no dejan lugar a dudas de que el cigoto es la primera realidad de la vida humana y que el embrión de dos, cuatro, ocho células, la mórula, el blastocisto, la gástrula y el feto, son las etapas sucesivas por las que transcurre el desarrollo de dicha vida sin solución de continuidad y bajo la dirección y coordinación del genoma individual surgido en la fecundación. ¿Es o no es importante saber esto para decidir sobre el aborto? Un embrión o un feto no es persona en potencia sino persona en acto con potencialidades. Si no fuera persona ya ¿cuándo comenzaría a serlo? Por mucho que se pretenda mirar para otro lado, la biología es clara respecto a que en lo que consiste el aborto es en la destrucción del curso de la vida de un ser humano en sus primeras etapas de desarrollo.
-¿Por qué rechaza el uso embriones en la lucha contra las enfermedades?
-El hecho real es que tras más de diez años de investigaciones en el campo de las células madre embrionarias no se ha conseguido ni una sola aplicación clínica. La utilización de los embriones para extraer sus células supone el sacrificio de los embriones, que son vidas humanas en el estado inicial del desarrollo, lo que plantea un grave problema ético. Se trataría de salvar vidas a costa de otras vidas. Nadie discute la finalidad de salvar vidas, pero amplios sectores de la sociedad y de la ciencia calificaron de inaceptable el método planteado para resolver el problema de las enfermedades degenerativas. ¿Tenemos que aceptar que el fin justifica los medios? ¿Es la vida humana un medio para salvar otras vidas humanas? Afortunadamente hoy se han descubierto otras fuentes de células madre no embrionarias, que no plantean problemas éticos ya que se encuentran en tejidos somáticos adultos, en el cordón umbilical, en el líquido amniótico, o incluso se pueden obtener mediante una novedosa técnica de desprogramación genética de células piel, fibroblastos u otros tejidos diferenciados. Esta es la línea que se ha adoptado en los principales centros donde se llevan a cabo estas investigaciones, ya que las células madre de origen somático tienen las mismas aplicaciones y mucho mejores perspectivas que las células embrionarias para resolver los problemas de las investigaciones biomédicas. De este modo, la utilización de los embriones ha entrado en una vía muerta.
-¿Hay que poner vallas a la manipulación genética?
-Lo que hay que poner es sentido común a las aplicaciones tecnológicas de la ciencia. La ciencia aplicada en una dirección inadecuada constituye un peligro, pero el verdadero peligro está en los hombres sin escrúpulos que falsean datos e inducen a una tecnología que se vuelve contra el propio hombre. Es este tipo de situaciones la que ha hecho proclamar a alguien que mientras que el poder del hombre aumenta, su sabiduría disminuye. A veces los errores que se cometen en la interpretación de los resultados de la ciencia pueden conducir a unas falsas expectativas e incluso pueden llegar a inducir prácticas contrarias a la dignidad del ser humano.