Las Ventas
Monumental de las Ventas. Jueves, 21 de mayo de 2009. Decimoquinta corrida. Lleno de «no hay billetes». Toros de Juan Pedro Domecq, de distinto remate, lavado el 3º, sin fondo ni fuerza; destacaron 4º y 6º; dos sobreros de José Vázquez (2º bis y 3º bis), de incómodo genio y a menos y frenado el otro.
Morante de la Puebla, de tabaco y oro. Cuatro pinchazos, media y descabello. Aviso (silencio). En el cuarto, pinchazo y estocada. Aviso (oreja).
José María Manzanares, de habano y oro. Estocada tendida (silencio). En el quinto, estocada hasta la bola (saludos).
Rubén Pinar, de rioja y oro. Media estocada (silencio). En el sexto, estocada desprendida (silencio).
Viernes, 22-05-09
Para los anales del toreo a la verónica hay que anotar una nueva fecha en moldes de oro: Madrid, 21 de mayo de 2009. Firmado: Morante de la Puebla, torero con alma de bolero. La tarde moribundeaba en un doble bochorno, climático y ganadero. Pero el cuarto de Juan Pedro se equivocó, y tras una salida cagona (literalmente), volviéndose al revés, se enamoró del capote de Morante sobre la misma boca de riego. Los lances se desplegaron como pétalos de empaque y sabor apaulado, mecido el viaje, dormido el lance. Veinticuatro mil gargantas cabreadas de pronto enroquecieron. Oles como cañonazos al viento. Y despertó el dios del toreo. No hay plazas a la contra que no se conmuevan con la verdad que liberan unas muñecas, una cintura, un pecho y un compás soñados. Galleó el genio de La Puebla por chicuelinas no al uso, sino voladas tanto con una mano como la que se queda sobre el eje que gira. Y la media fue bárbara. Creíamos de nuevo en los milagros. Pero no habíamos contemplado la gran obra del creador sevillano: un quite a la VERÓNICA (Vera Icon) en honor a los grandes del capote de todas las épocas habidas y por haber... La vida es mojarse: yo es lo mejor que he visto en el toreo de capa en mi vida. Hubo una verónica por el pitón izquierdo, la tercera o la cuarta del quite, de aquí a la eternidad, lenta, callada, estremecida, que levantó el edificio arrancándolo de sus cimientos. Al infierno que te vayas, yo me voy a ir contigo,porque yendo en tu compaña,llevo la gloria conmigo... Se lo cantaron a Cagancho en una soleá trianera. Los tendidos se precipitaban, se agitaban, se convulsionaban ante la revolución morantista. Todo lo que diga está de más, las luces de los genios siempre prenden. La media verónica a pies juntos fue la coda precisa, enroscado el toro en vuelta abelmontada. Cayeron ramas de romero, un éxtasis colectivo sobre la arena. Morante se rompió. Otros versos sueltos por chicuelinas, otros apuntes alados. No picó al juampedro, y aun así el toro se le venía abajo explotado en la calma de un mar de olas que nacían del Sur. La derecha encajada en cintura a juego con el mentón, torerísima, a otro punto de velocidad del capote. Un kikiriquí, el deseo de sentirse con la izquierda, el deseo interruptus con el toro entregado, muy cruzado y provocador Morante. Habría que quemar los reglamentos como libros herejéticos en la Inquisición: ¿quién no se hubiera llevado ayer a Morante de la Puebla a hombros por la calle de Alcalá? ¿Cuándo vamos a ver torear así con el capote otra vez? Esta noche, esta noche, en la madrugada. Una oreja fue lo de menos. ¿Una oreja como cuáles otras? Las lágrimas de Morante regaron el crepúsculo, que sólo transmuta en amanecer lo puro.
Sobrero de José Vázquez con nervio -Morante estuvo inspirado en un inicio de faena imposible-, otro frenado para un Manzanares en actitud de ataque con el calamocheante quinto -¡espléndida estocada!- y un sexto con duración y nobleza para el confirmante Rubén Pinar, que cita con la muleta por Despeñaperros. Difícil y bonita fecha. Para enmarcarla: así tampoco habrá visto nunca torear a la verónica.

