Sábado, 23-05-09
Estos días habrán visto a la consejera de Salud, la muy pujante y muy alcaldable María Jesús Montero, acaparar informativos nacionales y portadas de todo género merced a un titular impactante: Andalucía, pionera en el trasplante de cara. Bueno, la consejera ha declarado que prefiere denominarlo «trasplante de tejidos compuestos en estructuras faciales», quizás porque lo de trasplante de cara suena demasiado simple, quizás porque quiere lanzar un guiño a Torrijos y su barroquismo retórico por si finalmente es designada candidata a la alcaldía de Sevilla.
La noticia se ha adornado de un boato que ya hubiese querido Christian Barnard para el primer trasplante de corazón, «Los veinte componentes del Comité Autonómico de Ética e Investigación, tras una reunión de cuatro horas y media para tratar de forma monográfica este tema, no han visto ningún inconveniente ético en los casos analizados», proclamaban eufóricos los portavoces de la Consejería de Salud. Definitivamente, se nos ha ido la pinza: para autorizar un trasplante de cara se tienen que reunir veinte especialistas en ética, y para que una niña aborte no pueden opinar ni sus padres.
Quizás para compensar la inmoralidad de la Ley del Aborto, la consejera ha explicado con voz grave en las emisoras de radio que sólo se operará a personas «con graves problemas de salud y funcionalidad; quiero dejar claro que no estamos hablando de un problema estético». Pero, ¿qué se espera esta buena mujer, que las jovencitas hagan cola para cambiarse la cara? ¿Pero no ha visto que los trasplantados faciales quedan como quasimodos deformes? ¿Por qué previene de una demanda irreal, acaso para justificar el esfuerzo innecesario?
El hiperpregonado liderazgo nacional en trasplantes faciales, en definitiva, no es más que otro conejo de la chistera en tiempos de crisis, un engañabobos para presumir de algo. Puestos a operar, más útil sería reducir las lista de espera para intervenciones de vesícula o de próstata, aunque eso no dé titulares.