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«No cruzarse con Triana», condición «sine qua non»
No fueron fáciles los comienzos de la Hermandad del Rocío de Sevilla. Tras superar numerosas dificultades administrativas con la autoridad eclesiástica, la hermandad consigue, en 1934, que el vicario general firme el decreto de erección canónica incoado el año anterior. Sin embargo, una cláusula muy especial en el expediente desautorizaba a la corporación el poder efectuar anualmente la peregrinación en romería al Santuario del Rocío. Y es que la ciudad contaba ya con una corporación filial que había calado sobremanera, la de Triana, y no era del agrado de Palacio que Sevilla tuviera dos hermandades rocieras. Tras la Guerra Civil la corporación se debilitó hasta que, dieciseis años después, un grupo de hermanos se proponen revitalizarla y solicitar de nuevo al cardenal Segura que derogara esa cláusula. Después de muchos impedimentos y largas negociaciones, fue ese mismo año de 1950, cuando consiguen que se aprueben las nuevas reglas que autorizaban a la hermandad el peregrinar hacia la aldea con las condicio es de que evitara encontrarse por el camino con Triana y, además, comportarse «de tal forma que evite cualquier antagonismo entre ambas hermandades». Por fin, en 1951, Sevilla peregrinó hacia la Blanca Paloma.
Actualizado Viernes, 29-05-09 a las 09:17
La Hermandad de Sevilla se despidió de la Giralda, de la Inmaculada de la Plaza del Triunfo, de la Torre del Oro... para cruzar el Quema, la Raya Real y así poder saludar a la Virgen del Rocío. Y es que en el cuadro no cabe un recorrido más bonito.
No era un año cualquiera en la plaza del Salvador. Tres cuartos de siglo no se cumplen todos los años y así lo demostraron los dos mil peregrinos que partieron para la aldea almonteña. «En la Hermandad de Sevilla no hay crisis», decía alguno.
Mucha emoción en la misa de romeros cuando el coordinador de transplantes de Sevilla, José Pérez Bernal, contó el caso de una hermana que, mientras estaba embarazada, sufrió el rechazo de un órgano tras un transplante.Para no dañar el feto «no quiso recibir el tratamiento antirrechazo». Pasaron los años y volvió a ser transplantada, esta vez con éxito. «El mejor ejemplo de ser cristiana, defender la vida de su hijo por encima de la suya», indicó el doctor en relación al aborto.
Muy emotiva también fue la intervención del hermano mayor, José Ramón Candau, cuando anunció que este año, con motivo del LXXV aniversario, a los pies del Simpecado va un cofre con las medallas de todos los hermanos mayores que ha tenido la Hermandad de Sevilla en su historia.
Pasadas las nueve de la mañana, entronizado ya el Simpecado en la carreta a los sones de Soria 9 —que interpretaba pasodobles taurinos—, se ponía en marcha la Hermandad de Sevilla con una ingente multitud de personas alrededor hasta que enfiló el Paseo Colón.
Al igual que el cofre de las medallas, en la carreta iba un relecario de Santa Ángela de la Cruz que fue bendecido en la Capilla Real de la Catedral el pasado miércoles, en la tradicional ofrenda floral que, tal y como se hizo el año pasado, tuvo lugar el día antes de la salida. Otro de los estrenos de este año son los frontiles de la carreta, de Sucesores de Esperanza Elena Caro.
Cuarenta años lleva el boyero, Andrés González Rubio, marcando el compás del Simpecado. «Marinero» y «Clavellino» —otro estreno de este año—, pasaron por Entrecárceles hasta el Ayuntamiento. Allí, el alcalde hizo de boyero y a punto estuvo de ser corneado. «Algo malo habrá hecho», decía algún rezagado. Tras el percance, se subió a la carreta para depositar un ramo de flores. Allí, tanto Monteseirín como Rosamar Prieto —delegada de Fiestas Mayores— y Juan Ignacio Zoido —portavoz del PP en el Ayuntamiento— tocaban las palmas al compás de las sevillanas que el coro cantaba. Excelente el coro, que tendrá el honor de cantar en el pontifical que presidirá el cardenal de Sevilla el domingo, como homenaje a la corporación en este año jubiloso.
Avanzaba el Simpecado y a la altura del Arquillo, esperaba un grupo de ancianos en silla de ruedas. Uno de ellos hasta se levanta para presignarse. Preciosa estampa a los pies de la Giralda, con las 27 carretas multicolor. En la Plaza del Triunfo, se confundían los turistas con los peregrinos porque todos llevaban sombrero. Salve en la Diputación y paso por las catenarias —esta vez sin problemas— y la Torre del Oro despide a la hermandad de la zona monumental.
Y se van las cinco hermandades. Desde ayer, Sevilla tiene ocho mil habitantes menos.
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