El cardenal arzobispo de Sevilla, fray Carlos Amigo Vallejo, recalcó el valor auténtico de la romería del Rocío, condenó el aborto y elogió las donaciones de órganos durante la misa pontifical del día de Pentecostés en la plaza del Real de la aldea
Actualizado Lunes, 01-06-09 a las 07:37
Amigo Vallejo había llegado a la aldea con el corazón puesto en una Virgen de cuya coronación canónica se celebraban 90 años. En el mismo lugar, rodeado de una marea simpecados de todas las hermandades filiales el cardenal arzobispo venía a abrazar a una romería de la que se ha sentido fiel defensor desde su descubrimiento, recién llegado a la capital hispalense, hace más de 25 años.
En 1919, el que coronaba a la Virgen había sido Enrique Almaraz y eran, tan sólo, doce filiales las que peregrinaban a la aldea. Mucho cambió la historia en todo este tiempo. Ayer fueron 106 las hermandades que colocaron su simpecado en el altar efímero de la plaza y Amigo Vallejo era escoltado por el obispo de la diócesis de Huelva, José Vilaplana y por el obispo emérito onubense, Ignacio Noguer. Presidía la misa, por primera vez, el nuevo simpecado de la Hermandad Matriz de Almonte que ha bordado el taller de Santa Bárbara, réplica exacta del anterior. Su color ha tornado el verde del tiempo por el tisú de plata reluciente. La plegaria sonaba en los labios del Coro de Sevilla... ¡qué largo ha sido el camino!... en la voz de Carla Elena bordaba con hilos de oro la ya romántica historia de la vieja Híspalis con el Rocío que cumple 75 años.
«Mi gratitud por ofrecerme este regalo en el día de Pentecostés», decía Amigo Vallejo antes de comenzar su homilía. En verdad, la Iglesia de Sevilla ha encontrado en él a un Pastor fiel que ha sabido, no sólo entender la, a veces, malinterpretada idiosincrasia de las hermandades del Rocío, sino también apoyarlas y contribuir a su crecimiento espiritual.
Amigo Vallejo recalcó el valor cristiano del Rocío por encima de una celebración que «sin en el Espíritu Santo sería una fiesta cualquiera y Almonte, tan sólo, un lugar de encuentro y convivencia» y las hermandades quedarían reducidas a ser «un grupo de amigos que ser reúnen para la fiesta».
Los rocieros, dijo Amigo Vallejo, son gentes «que trabajan de la mañana a la noche, que aprecian el valor de la familia, que perdonan a quien les ofende, que ayudan al necesitado y buscan una sociedad justa».
De la crisis al aborto
Amigo Vallejo, en su homilía, quiso tener un recuerdo a diversos asuntos que están centrando el debate nacional como la crisis o el aborto. Respecto a esto último aseguró que «como seguidores de Jesucristo no tenemos vocación alguna para ser litigantes pero si obligación de acudir en defensa con los derechos que nos asisten. No somos gente destinada a vivir en una catacumba». En este sentido, el cardenal Amigo animó a manifestarse en apoyo a la vida y en contra de las prácticas abortivas que se verán reforzadas con la nueva ley que el gobierno quiere aprobar. Amigo Vallejo continuó diciendo que tenemos que buscar «calidad de vida pero no a costa de pasar por encima de los derechos de los demás».
Probablemente, unas de las reivindicaciones de mayor consistencia expresadas durante la homilía fue en favor de los donantes de órganos. «Rociero: no te lleves al cielo lo que tus amigos necesitan aquí», concluyó Amigo Vallejo.
Trasiego en el Santuario
Las hermandades del Rocío sevillanas habían recibido, tras la misa, la visita del Cardenal Amigo. Por la tarde, el trasiego en el templo blanco es enorme. Una nube de polvo entra y sale por las puertas laterales del Santuario. «Ayer, por la tarde —dice uno de los santeros— hacía un profundo calor en el interior de la iglesia, era casi insoportable».
Fuera, junto a la puerta está Carlos Morave, almonteño de unos ochenta años de edad. En su carne conserva las heridas de guerra de la antigua reja que separaba a los fieles de la Virgen. Los barrotes de aquella reja eran rematados con puntas de lanzas que no pocas veces hirieron a los almonteños que osaban saltarlas. Carlos muestra las marcas de aquellas puntas de lanzas como si fueran «las cornadas que le dan a los toreros», asegura. «Un amigo mío se clavó una punta en la pierna, le entró gangrena y murió». Sería en los años 50 cuando eso ocurría. Mucho ha cambiado, desde entonces, el Rocío... y no sólo en su reja</CW>.
En los últimos años, la Virgen era tomada por sus devotos entre las 2 y las 3 de la madrugada, poco después de que concluyera el rosario con el regreso del simpecado de Almonte al santuario. «Antes sacábamos a la Virgen a las 9 —recuerda Carlos—, ahora estos paisanos míos están locos...».
En efecto, este viejo almonteño explica a la perfección por qué las andas de la Virgen están hechas para salir de día. «La Virgen no lleva luz ninguna iluminándola, cuando la sacan tan de noche va a oscuras».
Pero, este año, salga a la hora a la que lo haga, no irá a oscuras. El lema de la romería de este año, «Rocío de luz y esperanza», en favor de las donaciones de órganos, alumbrará —como lleva haciendo toda la semana— la sobrecogedora escena de la Virgen. Y es que, si algo han tenido estos días de mayo es que tanto en El Rocío, como en la ciudad en la que Amigo es arzobispo, la Esperanza y su luz han salido al encuentro de sus fieles.



