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Lopera no ve errores propios en la gestión a pesar de los análisis internos. La primera víctima podría ser Momparlet
Actualizado Martes, 02-06-09 a las 13:56
El día siguiente al descenso fue utilizado para la reflexión. No hay medidas drásticas ni sopesadas. Todavía no hay nada, ni siquiera autocrítica y, por supuesto, ninguna dimisión. Lopera se reunió con algunos de sus hombres de confianza (Momparlet, Cañas y el gerente) por la tarde para analizar la situación y escuchar otras opiniones, pero la suya está clara: ha hecho todo lo posible para que no sucediera esto y no ha cometido errores. Su consejo de administración quiere personarse cuanto antes en la calle Jabugo para solicitar cambios en la entidad, mejoras que no pueden tardar más en ejecutarse, pero tampoco habrá más movimientos entre los directivos que el ya anunciado por este periódico y que protagonizaba Diego García León, que puso su cargo a disposición del presidente. Sin embargo, la primera víctima de todo el desastre podría ser Manuel Momparlet, el director deportivo de las tres últimas temporadas.
Lopera ha decidido esperar antes de tomar las decisiones que considere oportunas. Confía en que se produzcan movimientos por iniciativa de cada persona que se crea responsable y por ahora sólo escucha. Si hay dimisiones, éstas le facilitarán la tarea. Si no, ya se encargará de ejecutar a los «culpables» en función de cómo se muevan los dedos acusadores en las próximas horas. Según los medios oficiales del club, que suelen expresar los estados de ánimo del máximo accionista, éste se encuentra «hundido, roto de dolor y sin apenas articular palabra. Es un hombre triste, enrabietado». Ayer aguardó novedades en su domicilio, estudió las conclusiones de la Prensa y se reunió con varios de los empleados de más importancia del club. Fue por la tarde y escuchó los parlamentos de la dirección deportiva, representada por Momparlet y Cañas, y de uno de los cargos más importantes del club, el gerente, José Antonio González Flores. Podría haber sido una de tantas reuniones rutinarias que Lopera mantiene con estos trabajadores del club, pero el candente descenso le dio más trascendencia si cabe. Todos le expusieron al máximo accionista bético varios de los males que afectan al día a día verdiblanco, como la crisis institucional y la falta de tensión competitiva en la plantilla. También hubo quien le indicó que el camino correcto es que Lopera regresara a la primera línea de fuego repitiendo fórmulas que funcionaron hace más de una década y no se olvidó la evolución deportiva del equipo, poniendo el acento en la mala gestión que tuvo con Chaparro.
Después de escuchar a susu empleados, Lopera empezará hoy mismo a tomar decisiones en el área deportiva. Nogués no seguirá, pero quien también puede tener las horas contadas es Momparlet. La confianza del máximo accionista en quien es su hombre fuerte a la hora de acometer los fichajes ha ido descendiendo a pasos agigantados en los últimos tiempos y ya no esconde su malestar en conversaciones privadas. No se ve como una casualidad que muchos de los fichajes de los últimos años no estén dando el rendimiento esperado, sobre todo teniendo en cuenta el dinero que se ha invertido en ellos. Muchos suponen ahora un grave problema. Además se le acusa de errar en exceso en la elección de los entrenadores para cada temporada. Es una víctima fácil para Lopera, ya que la imagen de Momparlet está muy desgastada en la opinión pública verdiblanca y en momentos de crisis siempre conviene tener a mano una cabeza de turco. La responsabilidad del director deportivo en el fiasco del descenso es evidente a pesar de que en la presente campaña se han valorado positivamente los fichajes efectuados. Para la próxima campaña también tenía una planificación hecha Momparlet, pero ésta se ha ido al traste con el descenso y sólo Goitia permanece como incorporación fija. Son varias las voces que señalan a Momparlet como la primera víctima y se especula con la llegada de algún ex futbolista reciente que tenga cierto predicamento en la afición y que suponga un giro radical en el protagonismo que el cargo de director deportivo ha tenido hasta ahora en el Betis, al menos públicamente.
Las decisiones del consejo
Puede ser la primera víctima, pero no la única. El consejo de administración bético amagó ayer con tener una reunión con Lopera para analizar juntos la situación, pero ésta no se produjo finalmente. Quizás sea hoy, aunque aún no hay nada confirmado. La intención de varios consejeros es hacerle ver a Lopera los errores cometidos y los pasos que creen convenientes para solventar los males actuales de la entidad: profesionalización, delegación, estructuras, áreas independientes, evaluación continua... Pero no se anuncian dimisiones ni decisiones drásticas. Sólo la avanzada por este diario de Diego García León, que puso su cargo a disposición del presidente como gesto de dignidad y a la espera de un atisbo de reacción en los órganos rectores de la entidad.
Los vaivenes de los últimos tiempos también dificultan la continuidad de José León como presidente. Su puesto, a pesar de que el equipo esté en Segunda, es tentado por otros compañeros a pesar de que el trabajo del empresario nazareno está lleno de sinsabores al tener que ser portavoz y el rostro visible de una entidad fragmentada y protagonista de fracasos deportivos. Muchos se han postulado como su sucesor y hay voces que reclaman su relevo, por lo que no hay que descartar que también sea víctima propiciatoria en este amago de catarsis que puede producirse en el Betis donde cambiaría todo sin que se modifique casi nada. Lopera no hace autocrítica y es un mal comienzo para la regeneración.
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