Lunes, 08-06-09
El Comité Español de ICOMOS ya ha difundido un comunicado en el que se apuntan las razones que ponen en tela de juicio los informes de apoyo al proyecto de Torre Cajasol de la compañía Gaia Heritage y del grupo Carma. No obstante, es pertinente puntualizar algunas cuestiones, no todas de orden patrimonial y que se conocen mejor desde la propia Sevilla. En octubre de 2008 saltó a luz pública el caso de un error de la Junta de Andalucía al confundir en un folleto publicitario e institucional la imagen de Palma de Mallorca con la de Sevilla. Ahora, pocos meses después, y en un documento de referencia para el futuro modelo urbano de Sevilla (el Informe de Gaia Heritage sobre la Torre «Puerto Triana» y su posible impacto en el Patrimonio Mundial de Sevilla) también se produce un error significativo: uno de los grabados históricos de la ciudad en el Civitates Orbis Terrarum se corresponde en realidad con una ciudad belga: Huy. En este caso, lo preocupante no es tanto la errata de la empresa que hizo el informe, sino sobre todo que, y a sabiendas de que el texto sería observado con lupa, nadie en las instituciones responsables locales se percató antes de hacer público el informe de que alguna imagen no era de Sevilla. No se pide que todo el mundo reconozca la imagen de Huy, pero sí al menos que se percate de que no es Sevilla. Ése es el conocimiento que tienen de la ciudad y de su paisaje quienes se creen con todos los argumentos para proyectar un rascacielos a los pies de su conjunto histórico. No obstante Gaia Heritage no debe de estar muy ufana del informe cuando ni siquiera lo ha colgado de su página web (www.gaiaheritage.com), como hace con otros proyectos que ha elaborado o que tiene en ejecución. Lo que no oculta esta compañía a la que se le confió el impacto del rascacielos en el paisaje de Sevilla es su vocación e ideología. En la primera línea de presentación de la empresa cualquiera puede leer: «El patrimonio cultural y la belleza de la naturaleza representan un formidable agente económico», algo que supongo es compartido con las instituciones que contrataron la empresa. Otros preferimos hablar de que el patrimonio puede fomentar el desarrollo, pero me temo que hablamos de distintos modelos de desarrollo.
Pero las confusiones no se limitan a las imágenes, ya que mientras que Gaia Heritage anunciaba en su boletín de noticias Gaia-Heritage News del pasado mes de diciembre que había sido contratada por Cajasol, los informes de esta empresa, del grupo Carma y otras consideraciones han sido hechos públicos por el Ayuntamiento de Sevilla. Desconozco a qué obedece esta torpeza que involucra más aún al Ayuntamiento en los errores de estos informes, y que mezcla y confunde conclusiones, objetivos e intereses de instituciones distintas, y que da lugar a pensar que estos informes mal planteados, revisados muy a la ligera y con errores hayan podido ser sufragados encima por todos los sevillanos. Pero también hay que recordar que Cajasol se siente confortada con este tipo de debates que desvían la atención y que no llegan al fondo de la cuestión: la manera en que el espacio urbano de Sevilla ha sido su monopoly particular durante los últimos años. Cajasol está involucrada en las páginas más oscuras del urbanismo reciente de la ciudad (Puerto Triana, Tablada, Hytasa...) y, mientras no le duelen prendas en manifestar su vocación de entidad financiera con objetivos sociales, tampoco se sonroja al señalar en la publicidad televisiva que posee un presupuesto de obra social de 55 millones de euros, mientras el coste previsto del rascacielos sobrepasa los 300 millones. ¿No podrían aplicarse y generar el mismo o más empleo en alguna demanda real de la sociedad sevillana, gaditana u onubense?
De los partidos políticos poco hay que hablar; el PSOE impulsa con más ímpetu el proyecto que la propia Cajasol; Izquierda Unida, que durante tantos años fue la voz que denunciaba los vaivenes urbanísticos del municipio, ya no ve más allá de los carriles-bici, y el PP, si bien con alguna declaración contra la Torre, está completamente aletargado. Si algo induce al optimismo en este marasmo, eso es la sociedad civil sevillana y los medios de comunicación. Es esta sociedad la que está llevando a pulso, desde posiciones de lo más dispar, la defensa de un modelo de ciudad acorde con los verdaderos valores culturales de Sevilla; es esta sociedad la que ha creado un verdadero estado de opinión y ha puesto en evidencia tanto interés crematístico disfrazado de apuesta por la modernidad. Ahora sí, en lo que absolutamente todos estamos de acuerdo es en el hecho de que desde Huy (Bélgica), el impacto de la Torre Cajasol será cero, y no sólo por la distancia, sino porque el rascacielos nunca llegará a construirse por mucho que las grúas y movimientos de tierras que hay en su solar se empeñen en demostrar lo contrario.

