Sábado, 13-06-09
Tengo un amigo que estudia Periodismo con el que suelo polemizar sobre política, no porque pensemos de forma diferente, sino porque es de aquellos a los que les gusta llevar la contraria a cualquier tesis que se le plantee. Ese amigo, hasta ahora votante fiel del PP, es de los que añoran a Aznar y no tragan a Rajoy. Como él hay muchos en la actual derecha española, empeñada en hacerse el «harakiri», que prefieren perder elecciones con tal de no dar su brazo a torcer. Están en su derecho. El voto es libre.
Hay sin embargo una fórmula que se va repitiendo hasta la saciedad en la joven democracia española. Cuando la derecha pierde el poder se produce una especia de catarsis en la que sus dirigentes se dedican a batallar entre sí en busca de un referente que siempre está en el pasado. Al contrario que en la izquierda, los «populares» nunca apuestan por una figura nueva que relance el partido.
No seré yo quien diga que Rajoy es el mejor candidato para ganar unas elecciones. Al contrario, estoy convencido de que el líder del PP podría haber sido un magnífico presidente pero sin duda alguna es un mal candidato que, posiblemente, nunca alcance el poder. En lugar de añorar a Aznar, a Rato, a Esperanza Aguirre, sobre todo su facción más conservadora, debería estar, ya, buscando ese hombre joven que en tres años pueda plantarle cara a Zapatero con garantías.
Hoy por hoy, marear la perdiz «haciéndole la cama» a Rajoy no es sino la crónica de un suicidio anunciado. De hecho, el peor enemigo del PP en estos momentos no es el PSOE, sino el propio PP.
Después de haber estado más de dos décadas como analista político, sólo me ha quedado clara una cosa. Los dos partidos mayoritarios, PSOE y PP, tienen un número similar de votos fijos que suelen variar poco en todos los comicios, pero España es un país de centro y las mayorías en las elecciones las dan, siempre, esos tres millones de votos que, según las circunstancias, se decantan por uno u otro, más como castigo que como premio.
Le ocurrió al PSOE de Felipe González con la corrupción y al PP de Aznar con los atentados del 11-M. Por ello, no conviene que nadie extreme sus posiciones. Quien lo haga lo puede pagar muy caro.
P.D.-La noticia ha volado por internet. «¡Unicaja cierra el Johnny!» Con 43 años a sus espaldas, el Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid, uno de los hitos de la lucha estudiantil contra la dictadura, semillero de culturas alternativas, jazz, cine sin censuras, flamenco y rebeldías, puede pasar a mejor vida. Allí pasé cinco años de mi vida, y como otros muchos, allí aprendí a querer a Andalucía con unos jóvenes Antonio Burgos y Carlos Cano, con Ortiz Nuevo con tantos que luchaban por una España en libertad. Hay movilizaciones de protesta. Pase lo que pase, sólo una frase: «¡El Johnny es cojonudo!».

