Jueves, 16-07-09
Soy padre de dos hijos varones; siempre he sido de ideas progresistas, de lo que me siento orgulloso y las cuales intento inculcar a mis hijos, que me vean colaborar en casa con normalidad, respetar a los demás y a las opiniones sin importar su tendencia política, religiosa, étnica o sexual.
Creo que soy un buen padre (el tiempo lo dirá) y un buen ciudadano; no me siento ni mejor ni peor que otros, sólo uno más. Y todo ello habiendo recibido una educación pública en un colegio mixto, la cual es la opción que he elegido para mis hijos. De pequeño iba al colegio y por el camino, vestido con vaqueros y camiseta, me cruzaba con otros niños y niñas atabiados con sus uniformes. Nunca me sentí mejor o peor que ellos, jamás pensé que estuvieran recibiendo mejor educación que la mía, sólo iban a su «cárcel» al igual que yo me dirigía a la mía.
Cuento todo esto porque cuando leo que el gobierno al que he votado, intenta imponer unos mal interpretados criterios de igualdad a los pocos colegios de educación «diferenciada» que quedan, como el de las Hermanas de la Cruz de Sevilla, sin respetar ni comprender las centenarias peculiaridades de esta Orden, pasando por encima de las ideas de las religiosas y de los padres y madres que han optado por ese tipo de educación para sus hijos, me pregunto qué igualdad es esta, qué democracia nos ha tocado vivir.
Me enseñaron y aprendí que la libertad consiste en poder expresarte y coexistir respetando y tolerando a los demás, sin pensar que eres mejor o peor que otros, entendiendo que las diferencias existen pero no separan.
Cada cual es libre dentro de una democracia de tener su pensamiento y como tal, trasmitirlo a su descendencia. El que un gobierno, sea del color que sea, intente obligar a que todos tengamos lo mismo, a que todos seamos iguales, por encima de las ideas personales de cada uno, de su religión o ideología no es nuevo, ya ocurrió al menos dos veces en la historia, a una se la llamó comunismo, a la otra, fascismo.
Quiero vivir en un país libre, en el que no importe si tu vecino vota a uno u otro, en el que mis hijos se crucen camino de su colegio con niños de uniforme sin preguntarse si su educación es distinta, no obliguemos a nadie a hacer lo que no quiera por un afán de progresismo absurdo y desmedido, optemos por la tolerancia y no por las imposiciones. Todos seremos más felices.
Juan Carlos Peñafuerte Marín. Sevilla