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Actualizado Lunes, 20-07-09 a las 07:38
La violación múltiple de una menor en Baena por parte de un grupo de jóvenes de su misma edad se ha convertido durante la pasada semana en el paradigma extremo de hasta dónde han llegado las consecuencias del fracaso educativo. Sin reponernos de la impresión, ayer se conocía otro caso similar en Isla Cristina, donde siete menores han sido detenidos tras violar a una niña disminuida psíquica. La sexualidad se ha banalizado hasta el punto de crear «monstruitos» como los de la localidad cordobesa, que violan por turnos y a plena luz del día a una adolescente de trece años mientras graban las imágenes con la más absoluta impunidad. Como escribía el sábado en estas páginas Juan Manuel de Prada, «las sociedades sanas se dedican con esmero a fortalecer los frenos morales que inhiben las conductas criminales». Está claro que en España hemos roto demasiados frenos; tantos que cuando confluyen una serie de circunstancias fatales pueden desencadenarse episodios tan tremendos como el de Baena.
La educación de los jóvenes es un problema que, como dice José Antonio Marina, debería afectar a toda la tribu: empezando por la familia y los profesores y terminando por los políticos y los responsables de los medios de comunicación de masas. Actualmente creo que hay en la sociedad española una consciencia general de que algo habrá que hacer para mejorar el nivel de educación de la gente. Virgilio Zapatero, ex ministro socialista y actual rector de la Universidad de Alcalá, escribía en la tercera del domingo: «En treinta años hemos pasado de una educación autoritaria de sólo deberes a una educación de derechos con escasas o nulas obligaciones. Este crepúsculo de los deberes en el sistema educativo ya ha dado sus frutos en forma de absentismo y fracaso escolar. Parece que empezamos a reconocer todos que la educación implica esfuerzo, trabajo y horas de dedicación y estudio…»
Básicamente Virgilio Zapatero viene a coincidir con las palabras pronunciadas por Rajoy en Málaga el pasado miércoles en el transcurso de un foro de ABC. El líder de la oposición reiteró que la pérdida de valores en la escuela está en la raíz del fracaso social e insistió en la necesidad de alcanzar un gran pacto educativo para abordar los males generados por la Logse y demás engendros. En esta misma línea, salvando las distancias logsianas, se ha pronunciado el presidente de la Junta, José Antonio Griñán, que en su discurso de investidura sostuvo que la reforma de la educación era su prioridad.
Claro que una cosa es predicar y otra dar trigo. La clara consciencia de que es necesario alcanzar un gran pacto de estado para reformar el sistema educativo no es óbice para que por ejemplo en Andalucía, rompeolas de todos los fracasos escolares, se practique una política educativa sectaria e ideologizada que cercena la libertad de los padres de elegir la educación que desean para sus hijos. La nueva consejera de Educación, Mar Moreno, se ha cargado en lo que lleva de mandato los conciertos con los colegios no mixtos por una cuestión ideológica, sin contar con los afectados y haciendo gala de un despotismo que no cuadra con la oferta de consenso del presidente. Porque para alcanzar un gran pacto educativo lo primero es tener muy clara la diferencia entre educar y adoctrinar, que es lo que algunos pretenden.
aybarra@abc.es
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