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Publicado Miércoles, 22-07-09 a las 07:39
No nos hemos recuperado de la aberrante violación múltiple de Baena, cuando ya tenemos otro caso igual de repugnante en Isla Cristina. Sin embargo, para que el horror sea perfecto conviene retroceder en el tiempo para descubrir que no se trata de hechos aislados, sino que forman parte de una serie abominable:
ALMERÍA, 20.03.08: Cuatro menores violaron a un niño de diez años, lo sodomizaron con un palo y lo obligaron a practicarles felaciones.
MOTRIL, 17.04.09: Un niño de ocho años es violado por un menor de 15 mientras su pandilla graba la agresión en vídeo.
BAENA, 16.07.09: Cinco menores y un adulto violan a una niña de trece años a plena luz del día en una piscina pública.
ISLA CRISTINA, 19.07.09: Siete menores violan a una niña de trece durante las fiestas del Carmen.
Si a esta enumeración infecta sumamos el asesinato y agresión sexual de Marta del Castillo (Sevilla), el resultado es desolador: ¿por qué Andalucía es la comunidad de España donde se concentran estos crímenes tan asquerosos como espeluznantes? La culpa ya no puede ser del franquismo, pues todos los menores violadores han nacido y crecido durante la democracia, amén de haber disfrutado de un sistema educativo de «progreso», que debería haberlos inmunizado contra conductas machistas, violentas y antisociales. Por lo tanto, cualquier análisis que no parta de la constatación del fracaso del sistema educativo vigente peca de sospechoso e interesado.
En efecto, para comenzar a discutir hay que estar de acuerdo en un diagnóstico que asuma fallos en cadena: familiares, educativos, políticos y culturales. Y como estoy persuadido de que no puede haber nadie con un mínimo de sensibilidad y sentido común que no comparta el horror que nos arrasa a todos, considero que no es momento de hacer ni demagogia ideológica ni precampañas electorales. Es decir, que por el bien de nuestros hijos, el gobierno socialista y la oposición deberían aparcar sus estrategias para declarar en emergencia la educación andaluza y sumar esfuerzos municipales, provinciales y autonómicos que atajen la peste violadora y energúmena. ¿No hay protocolos de actuación previstos contra la Gripe A? Pues otro tanto de lo mismo deberíamos hacer para combatir esta lacra que ya parece endémica de nuestra comunidad.
La nauseabunda serie de crímenes enumerados forman un todo coherente con el fracaso escolar, el paupérrimo nivel del educando andaluz, las agresiones contra los maestros, el acoso escolar y la indisciplina generalizada. Si la enseñanza pública andaluza precisa más recursos, más profesores y más fondos, estoy seguro que los ayuntamientos, las diputaciones y la propia Junta de Andalucía, sabrían muy bien de dónde recortar gastos superfluos para atender una necesidad tan urgente.
No pienso que todos los menores andaluces sean violadores potenciales, mas sí creo que la ausencia de valores, disciplina y autoridad ha dejado a los niños pacíficos a merced de los violentos y antisociales, quienes además saben que la Ley del Menor les garantiza la impunidad. Así, ni bastaría con el endurecimiento de las penas ni con mayores responsabilidades civiles y penales de los padres, pues hay que actuar contra estos crímenes tal como se actúa contra el terrorismo; es decir, a todos los niveles y como si fuera un cáncer o una metástasis social.
Cada una de esas desgracias familiares multiplica nuestra vergüenza autonómica, porque en violaciones masivas de menores Andalucía sí es imparable.
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