Sin que nadie pueda remediarlo de momento, el buque está despidiendo diesel en los mares noruegos y convirtiendo aquella zona en un verdadero infierno pegajoso y negro que despide un olor que se percibe a kilómetros del lugar. La marea negra ha llegado ya a las hermosas costas de Risør, localidad con gran atractivo turístico de la región de Sørlandet, donde habitan innumerables colonias de aves y se teme que el petróleo, que viaja a merced del viento, siga contaminando aquellas aguas y costas.
Varios grupos operativos noruegos, especializados en tragedias marinas, hacen todo lo posible por intentar frenar la letal marcha del crudo colocando barreras alrededor de la costa y equipos de salvamento recogen a las pobres aves, que totalmente impregnadas de la pegajosa substancia, permanecen inmóviles. Mientras tanto, helicópteros y aviones de búsqueda y rastreo informan minuto a minuto de la dirección que sigue la marea negra.
Kjell Ingolf Ropstad, líder del partido democristiano, que se encontraba en aquella localidad cuando ocurrió la tragedia, se ha unido a los ciudadanos que han ofrecido su ayuda para las operaciones de limpieza. Ropstad, mientras contempla el triste panorama, recuerda que se han presentado varias mociones en el «Storting» para que se prohíba la navegación de petroleros por las aguas que rodean «el medio ambiente más frágil, más espectacular y único de Noruega. Un tránsito que puede ocasionar derrames de petróleo como este, mortal para la pesca, la naturaleza y el turismo».