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Las claves del pacto
Dos niños muertos, dos familias de luto y dos plazoletas en los que llaman pisos verdes de las Tres Mil. Allí han vuelto a convivir desde el jueves pasado Caracoleños tras su vuelta del asentamiento de Tablada, y los Marianos que los obligaron a irse. El reparto del territorio y la no presencia en determinadas plazas ha sido aceptada por los Caracoleños para seguir bajo techo y con agua corriente.
Dos niños muertos, dos familias de luto y dos plazoletas en los que llaman pisos verdes de las Tres Mil. Allí han vuelto a convivir desde el jueves pasado Caracoleños tras su vuelta del asentamiento de Tablada, y los Marianos que los obligaron a irse. El reparto del territorio y la no presencia en determinadas plazas ha sido aceptada por los Caracoleños para seguir bajo techo y con agua corriente.
Actualizado Martes, 04-08-09 a las 18:22
En el asentamiento de Tablada no queda ya rastro de los chabolistas que se instalaron allí tras salir huyendo de las Tres Mil por un enfrentamiento entre clanes rivales que se saldó con la muerte de un joven.
El fallecimiento la pasada semana de un bebé ha precipitado la vuelta a los pisos que abandonaron en las Tres Mil las 30 familias del clan de Los Caracoleños con la permisividad, no exenta de condiciones, de los otros clanes. Pero lo que las leyes gitanas han arreglado de facto no tienen la cobertura legal o administrativa necesaria de modo que, según pudo saber ABC ayer, la Consejería de Vivienda de la Junta «ha puesto en conocimiento del juez la ocupación de las viviendas, que son de titularidad de la Administración autonómica».
La nómada situación de Los Caracoleños arranca de cuando a parte de ellos se les «incentivó» para abandonar el asentamiento que tenían en Los Bermejales, por lo que se les dio a cada familia 42.000 euros, con los que compraron los pisos de las Tres Mil hace ya cinco años. Pero no todos las viviendas que han sido ocupados fueron comprados regularmente y la mayoría de las familias que han vuelto a las Tres Mil no tienen la documentación en regla. Para aclarar administrativamente esta situación va a intervenir la Justicia a petición de la Junta y desde la Consejería de Vivienda agregaron que «a partir de ahora debemos esperar a la decisión que se adopte por parte del juez».
Tiroteo y huida
De hecho, desde que los Caracoleños salieron huyendo tras el tiroteo en marzo, los pisos fueron precintados y en los sucesivos intentos que estas familias han hecho de volver al Polígono Sur siempre la Policía les ha pedido la identificación, aunque en ninguna de las ocasiones les han impedido la entrada en las viviendas. La Junta pone así en cuestión una «entente cordiale» que han logrado los gitanos por ellos mismos, pues las sucesivas iniciativas de las administraciones local y regional por dar una salida a los chabolistas han sido baldías.
Aunque los jefes de Marianos y Caracoleños habían ya acordado que éstos últimos no volverían a los «pisos verdes» de las Tres Mil antes de septiembre la desgraciada muerte de la pequeña Milagros, bebé de 18 días que falleció tras ser ingresada con síntomas de asfixia, precipitó el regreso. Las condiciones en las que los chabolistas vivieron más de tres meses en Tablada fue empeorando, primero por el calor sofocante que empezó en el mes de junio y luego al tener que deshacer sus chabolas y no contar con más sombra que la que les daba el puente. Aún así, en estas condiciones y en sólo tres meses nacieron cinco niños en el asentamiento, uno de ellos la pequeña que fue enterrada el pasado jueves.
Ni la visita al poblado del delegado de Infraestructuras para la Sostenibilidad del Ayuntamiento, Antonio Rodrigo Torrijos, con sus propuestas de centros de verano, ni las iniciativas de la consejera de Bienestar Social, Micaela Navarro, prosperaron y después del entierro, los Caracoleños no se lo pensaron más y volvieron a los pisos de las Tres Mil.
Plazoletas prohibidas
La primer noche sólo abrieron cuatro pisos, pero algunos de los Marianos se acercaron por la mañana a poner las cosas en claro. Dicen los vecinos que el respeto por el luto alivió la tensión y llegaron a un acuerdo, de modo que ya todos han vuelto. Tanto Horacio como Angel, procedentes de Tablada, explicaron que se han definido los territorios, y que para poder seguir en las Tres Mil Viviendas, Los Caracoleños deben quedarse en la plazoleta ocho y no pisar ni de lejos la plazoleta 12 ni sus comerciales, donde vive la familia del menor que recibió el impacto de bala mortal. Hay que evitar la coincidencia entre dos grupos familiares muy numerosos, que sólo pueden vivir a escasos metros en el mismo barrio. Así se firmó la paz.



