Actualizado Jueves, 17-09-09 a las 06:59
El día después de la apertura de la estación de metro de la Puerta Jerez no debería de ser jornada para hablar de problemas sino de alegrías. Por fin la linea 1 del metro está funcionando sin provisionalidades y se abre la que pude ser estación más útil de todo el recorrido. Este es el árbol: grande, hermoso, frondoso, pero echando mano del refrán que nos previene de que el arbol no nos debe impedir ver el bosque, sería poco reflexivo quedarnos solo con la estación de metro y olvidarnos de todo lo demás. Porque está a punto de terminar un verano que no solo ha sido incómodo sino que ha estado sembrado de anuncios preocupantes sobre el futuro de calles y plazas; a saber: las obras del carril bici en algunos sectores lejos de agradar a los vecinos están provocando una especie de animadversión hacia lo que ha sido una de las principales transformaciones de la ciudad. Quien escribe es devoto de ese carril, pero no a cualquier precio, no al precio de arrasar con miles de aparacamientos y estrechar calzadas para que al final se provoquen los atascos. Más que un carril bici parece que se declara la cruzada contra el coche. Tomar la decisión de, a cuenta del carril bici, dejar el Puente de Triana solo con una vía en cada sentido es una de las barbaridades más grandes que se van a perpetrar si alguien con dos dedos de frente no lo remedia. La religión de la sostenibilidad, palabra que por cierto no existe en el diccionario de la RAE, parece sugerir que las actividades de cualquier tipo que se realicen, es decir casi todo, no supongan una merma en los recursos existentes. Ya me dirán ustedes si capar un puente no es reventar un recurso de uso masivo. El día después de la llegada del metro a la Puerta Jerez, los vecinos no entienden cómo frente a una gran noticia, en la construcción de la ciudad tropieza siempre con este tipo de incoherencias que cuestan trabajo entender.

