COMO saben, el Ayuntamiento nos ha encasquetado unas cámaras para controlar quién circula sin respetar el carril-bus, el carril bici, el carril taxi o el carril tururú, que eso y no otra cosa es el tráfico diario. Las cámaras del demonio están conectadas a unos chips superprodigiosos que identifican al instante al infractor, le escanean la matrícula, el D.N.I, la fecha de la primera comunión, le sacan una foto de frente y de perfil y lo empapelan en el acto, sin que tenga que venir siquiera el municipal, ¡coooño! Y eso aunque solamente hayas pisado la rayita del carril de marras, ¡ojo con el invento, Orwell puro, tecnología punta! ¡Qué modernos somos cuando queremos, y más si hace falta recaudar!
Pero eso no es lo peor. Me han dicho mis topos en el Ayuntamiento que el cogobierno de progreso y manganeso -crecido por la superioridad tecnológica que tiene entre manos-, va a extender las maquinitas y cachivaches para controlar al personal, una para cada acto incívico de esos que caracterizan a los más de los vecinos. O sea que..., cuidadín con aparcar en doble fila o encima de la acera, que han comprado un armatoste que saldrá del subsuelo y espachurrará nuestro vehículo hasta dejarlo como la lata de Heineken del anuncio. Y al que, contrito y lloroso, proteste, multa que te crío por mal aparcamiento, ¡doble alegría y doble gasto!, sin coche y a aflojar la mosca, que hay que ser solidarios, ¡leñe!
Si es usted de los que tiran la basura antes de hora, le doy mi pésame por anticipado, pues cuando levante la tapa del contenedor le saldrá un robot espantoso, un Alien morrocotudo que le lanzará su babita y lo convertirá en materia orgánica no reciclable. Y ¡ay de aquellos que pongan la música a toda leche o hablen a gritos por la calle mientras los demás duermen! Su salud mental corre grave peligro, pues unos microsensores instalados en las papeleras de Sadeco detectarán su presencia y, tras rápida lobotomía, apenas podrán susurrar un padrenuestro y dos poemas de García Baena.
Pero eso no será nada comparado al castigo para quienes, presa del apretón, hagan pis en la vía pública. Da igual que sea calle, solar, zanja, arbusto o descampado. Da igual que sea feria, Cata o día de precepto. ¡Ay, ay, aaayyyy, a quien se le ocurra semejante temeridad! No diré más para no ponerles el cuerpo malo, pero yo de ustedes ponía a buen recado las partes pudendas... ¡ups!
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