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Actualizado Martes, 13-10-09 a las 06:55
No hay manera. Da igual que el Te Deum se celebre en la misma catedral que fuera mezquita mayor de Isbiliya cuando Fernando III entró en la ciudad reconquistada allá por la Navidad de 1248. Aquel Te Deum sería el origen del que se celebró ayer con motivo del Día de la Hispanidad, un acto al que no asistieron esos concejales de IU que se dedican a prohibir homenajes literarios mientras se dan homenajes gastronómicos a cuenta del contribuyente.
Estos socios de don Alfredo I de Híspalis y X de Mercasevilla –es el señor X del asunto, no el décimo de la lotería que le tocó a más de uno- reniegan de la historia de la ciudad porque lo suyo es diferente. Otra cosita. Imaginemos por un momento que se cumpliera la utopía que anida en la mente de Torrijos —esa mente enfermiza de poder según su amigo Jon Ander— y que Sevilla se convirtiera en La Habana. ¡La que se iba a formar! De momento íbamos a formar todos y todas en las prietas filas del desfile que con motivo del Primero de Mayo discurriría por la Avenida de la Revolución, antes de la Constitución. De allí, al Prado de Tiananmen —no confundir con el rebautizado puente de Triananmen— donde el padrecito Torrijos recibiría a la multitud bajo el monumento dedicado a su augusta persona: un comité nombrado ad hoc -o mejor dicho, ad hoz y martillo- habría descabalgado al Cid del caballo Babieca, que tiene nombre de asesor, para sustituirlo por una estatua del camarada don Antonio montado en bicicleta.
Ríanse todo lo que puedan, pero el asunto es más serio de lo que parece. En Sevilla se consiente que una fuerza minoritaria que se asienta en una ideología totalitaria gobierne a pesar de sus escuálidos resultados electorales, lo cual es legal por supuesto. Pero que pretendan imponernos su moral como si fuera superior al pensamiento liberal ya es pasarse varios pueblos y unos cuantos barrios.
Si los comunistillas no participan en los actos dedicados a la nación española no es por su repulsa hacia estos fastos, sino porque no pueden controlarlos. Sólo hay que echar un vistazo a los desfiles que organizan allí donde gobiernan sin necesidad de convocar elecciones. ¿O es que Torrijos y sus discípulos han condenado el estalinismo, el maoísmo o ese castrismo al que tanto apoyan? Por eso se metieron en Mercasevilla, para darle la vuelta a la Internacional: «Sentaos, famélica legión, que sirvan ya la pata rusa y el marisco a mogollón».
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