Se encuentra en un centro de rehabilitación social en lugar de un piso tutelado _ Las posibilidades de vigilancia policial en este caso son muy limitadas

El menor en un traslado durante la investigación. JESÚS SPÍNOLA
Actualizado
Domingo
, 15-11-09 a las 01
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El menor de 16 años implicado en la desaparición y la muerte de la sevillana Marta del Castillo, apodado El Cuco, ingresó el pasado jueves en un centro de rehabilitación social de la provincia de Cádiz, donde permanecerá en régimen de libertad vigilada a la espera de que se celebre el juicio en Sevilla.
La Junta ha elegido este Centro de Internamiento de Menores Infractores en lugar del piso tutelado que anunció la consejera de Justicia Begoña Álvarez y que había pedido la Fiscalía de Menores. El Cuco también gozará de cierta libertad y convivirá con otros jóvenes.
La administración autonómica se ha hecho cargo de la tutela del menor, después de que el Juez de Menores de Sevilla acordara su libertad y le impusiera una medida de «convivencia en un grupo educativo».
El menor –identificado como Javier G. M.– sigue de hecho imputado por un delito de asesinato y otro de violación, como uno de los posibles autores de la muerte de Marta del Castillo, perpetrada junto a Miguel Carcaño.
El Cuco queda ahora en libertad vigilada en un centro de mínima seguridad, donde los jóvenes pueden entrar y salir al no estar internados. El adolescente sevillano convivirá allí con otros menores «infractores» y aunque también él podría salir del centro, siempre lo hará acompañado, ya que sigue bajo vigilancia.
Justicia adelantó, de hecho, que en este caso se reforzará la vigilancia con dos agentes de policía (una medida excepcional) en lugar de los empleados del centro.
El envío de Javier G.M., a este centro plantea interrogantes sobre la vigilancia a la que estará sometido. El Cuco se encuentra en libertad vigilada, pero el centro es de régimen abierto, lo que significa que y podrá entrar y salir a sus anchas vulnerar los requisitos de la orden emitida por el juez. Las posibilidades de una efectiva vigilancia policial en este tipo de centros son muy limitadas.
Además, difícilmente evitarían que el menor pudiera ponerse en comunicación con los padres de la joven sevillana por vía telefónica, por internet o por correo.




