
El uniforme es una práctica habitual de niños y niñas en colegios privados y concertados. M. J. PEREIRA
La comunidad educativa opina
Pilar Triguero, Presidenta de Codapa
La representante de la escuela pública dice que el uniforme es algo habitual en Málaga y cree que la mayoría de los padres lo aceptarían. A su juicio, aunque debe ser opcional, acabaría con las diferencias sociales. Preferiría que fueran deportivos y huiría de las corbatas.
Juan María del Pino, presidente de Fecapa
Cree que deben decidirlo los consejos escolares pero ayudaría a la familia y evitaría peleas por que se ponen los niños. Además, los padres católicos opinan que acaba con el clasismo de las marcas y «vestimentas indecentes» como niñas enseñando la ropa interior.
Francisco Padilla, presidente de ANPE
Siempre que lo decida la comunidad educativa, ANPE apoyaría una medida que serviría para instaurar disciplina. «El hábito no hace al monje», dice Padilla para quien también evitaría indumentarias «fuera de tono», rompería el clasismo y fomentaría la igualdad.
Rafael Caamaño, secretario general de CECE
Asegura que debe respetarse la autonomía de cada centro pero que la idea del uniforme demuestra que los públicos están imitando el modelo de la privada cada vez en más cosas. Y dice que los padres lo piden porque es cómodo y garantiza una vestimenta correcta.
José Blanco, CC.OO.
El sindicato no está ni a favor ni en contra porque cree que debe ser una opción elegida por los padres. Asegura que hay muchos colegios que lo usan y otros que dan libertad. Pero para CC.OO, el uniforme no influye e la educación y sí otros temas como la falta de sustituciones.
Juan Carlos Hidalgo, FETE-UGT
Asegura que no es un debate abierto entre los profesores y que es una cuestión que solo atañe a los padres ya que, según dice, muchos no son capaces de ponerse de acuerdo con sus hijos sobre lo que deben ponerse.Y cuestiona si algunas familias podrán pagarlo.
MERCEDES BENÍTEZ. SEVILLA
Publicado
Domingo
, 15-11-09 a las 08
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Aunque la idea fue lanzada por el propio presidente andaluz a los pocos días de ser nombrado cuando aseguró que no hay nada «más estúpido» que los alumnos compitan por lo externo y abogó por la vuelta a los uniformes, la vestimenta reglada no es nada nueva, sino todo lo contrario. Los uniformes escolares, muy extendidos en otras comunidades, se utilizan en Andalucía de forma mayoritaria en los colegios privados y concertados, y sólo en un puñado de públicos.
Educación no tiene datos oficiales, pero algunos sindicatos aseguran que se usa en el diez por ciento de los colegios y que la implantación es diferente por provincias. En Málaga está muy extendido mientras que en otras como en Sevilla sólo se usa en los concertados. Y, según CECE, la inmensa mayoría de los 700 centros concertados y de los 200 privados lo tienen.
Seguramente por esa cifra es por lo que la idea de Griñán y que figura en el borrador del reglamento de organización de los centros escolares para que los consejos lo debatan, no parece nueva sino que supone volver a lo de antes y, en parte, imitar el modelo de la educación privada.
En cualquier caso, se pregunte a quien se pregunte, no parece que en la comunidad educativa haya rechazo hacia la idea de que los niños vistan uniforme para ir al colegio. Al menos en Infantil y Primaria. Aunque desde todos los sectores se insiste en que deben ser los padres los que tengan la última palabra (y de hecho será un tema a debatir dentro de los consejo escolares), la mayoría lo ve práctico.
Así entre las ventajas se ahonda en la misma frase lanzada por el propio Griñán: «No se puede permitir que con diez años un niño diga: yo no me quiero poner esto o aquello».
En esa línea, hay quien asegura que el uniforme puede acabar con las diferencias de criterio entre padres e hijos a la hora de vestirse. La discusión se acaba si a los niños no les queda otro remedio que ponérselo.
Otro de los beneficios del uniforme es acabar con las diferencias de clase. Sobre todo en una sociedad cada vez más mercantilista y en la que los niños de 12 años conocen perfectamente todas las marcas de ropa, el uniforme evitaría las diferencias de clase. Si todos van con la misma vestimenta, se fomenta la igualdad y se evitan las diferencias sociales. Es decir, no habrá un niño con ropa de Ralph Laurent que se siente al lado de otro vestido de Zara. Y con ello se acaba con las comparaciones por el nivel económico de las familias. Claro que en ese tema también quien opina todo lo contrario. Por ejemplo un representante de FETE-UGT cree que es fundamental que los niños conozcan que en la vida «hay diversidad y gente que lleva ropa cara y otra que no la lleva».
Otro aspecto a tener en cuenta es que el uniforme puede suponer un ahorro para las familias que resuelven el problema de la ropa con dos o tres chándal, dos pantalones y dos camisas y no tienen que estar todo el día comprando distintas prendas. Pero también esa teoría es rebatida por otros. Así, por ejemplo hay sindicatos que creen que pagar el uniforme será un coste adicional para las familias. «Si compran la ropa en el mercadillo sale más barata». Por eso UGT se pregunta si habrá ayudas públicas para ese gasto.
Entre los que abogan por el uso de esta prenda también se insiste en el hecho de que la implantación de unas normas de vestir fomenta la disciplina en las aulas en un momento en el que la propia Consejería de Educación está reconsiderando sus políticas. Sobre todo para atajar la violencia escolar o acabar con las grabaciones de los móviles y el ciberbullyng.
Y también se evitan indumentarias poco adecuadas. Y es que, como aseguran algunos, actualmente hay niños, más bien adolescentes, que acuden al colegio no sólo con piercings o tatuajes sino incluso mostrando la ropa interior. O, para los más pequeños, también es importante tener en cuenta que el uso de babys protege la ropa de manchas de pintura y plastilina difíciles de eliminar.
Otra cuestión que genera debate es el tipo de uniforme. Está claro que, aunque sería un tema a elegir también por las propias asociaciones de padres y madres de cada centro, la opción de la ropa deportiva parece ser la que tiene más adeptos.
«No queremos a niños con corbata», dice la presidenta de lo padres de la Escuela Pública. Ella, como muchos otros representantes de padres y madres se decantaría más bien por un chándal o por pantalones y camisas. Es decir, el modelo que se usa en cientos de colegios concertados y privados.
Pero el rechazo de otros a la uniformidad de la sociedad es también un punto a tener en cuenta. Sobre todo entre la izquierda que parece rechazar más que los niños se vistan todos iguales y que prefiere apostar por la diversidad.
«Me recuerda a tiempos pasados», dicen algunos que aseguran que el rendimiento académico nada tiene que ver con la indumentaria de los alumnos y que también apunta a que los que no lleven el uniforme podrían «sentirse discriminados». El debate está abierto y los padres tienen la palabra.