
Viernes
, 27-11-09
JAVIER CORTIJO
Quizá alguien recuerde aquel sketch de Tip y Coll en el que éste último entraba tajada perdido en un bar y, según iba atizándose lingotazos, se iba volviendo más y más sobrio hasta salir por la puerta totalmente sereno. Pues algo así ocurre con «Paranormal activity»: la borrachera de estómago sucio del principio va apagándose conforme comprobamos que la justita gracia del argumento se estira y repite cual chicle minimalista. Igual que sucedía en, sí, «El proyecto de la bruja de Blair», su madrina espiritual en el «fake home movie de baja fidelidad», que diría algún experto en no ficción, la clave proviene no tanto del terror sino del vouyerismo puro y duro.
Seamos francos: mientras esperamos a que los poltergeists ataquen a la pobre muchacha, de lo que realmente disfrutamos es la posibilidad de espiar su vida cotidiana desde el ojo de una cerradura, sin descartar algún episodio sexual o desnudo descuidado. Ciertos buenos sustos puntuales compensan el tedio de, por ejemplo, la franja con psiquiatra dentro, aunque la gran virtud de la cinta (aparte de confirmar que, si quieres conseguir público, tienes que apostar a lo grande en publicidad, viral o no, a priori o a posteriori), es vestir al cine de ONG navideña que ha proporcionado a sus responsables un beneficio del 1000% en plena crisis. Y eso sí que da miedo.

