
permiso, para, morirse, descuide, poco, muere
Publicado Actualizado sábado , 19-12-2009 a las 17:35:39
Sevilla despidió ayer en la Catedral al sacerdote, escritor y periodista José María Javierre. Para recibir al «canónigo de la Giralda» se encontraba el Cabildo Catedral al completo, con el deán, Francisco Ortiz, a la cabeza. Fueron los «nietos» de Javierre, los que portaron el féretro hasta el Altar Mayor. En primera fila estaban Andrés, hermano de José María Javierre, la familia Fernández-Palacios Carmona, el alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín, el consejero de Presidencia, Antonio Avila; el portavoz del Grupo Municipal Popular, Juan Ignacio Zoido, y el ex consejero Joaquín Galán.
Entre los numerosos asistentes estaban los ex alcaldes Luis Uruñuela y Soledad Becerril, el ex presidente de la Junta de Andalucía, José Rodríguez de la Borbolla, los condes de Peñaflor de Argamasilla, la presidenta de la Asociación de la Prensa, Nani Carvajal, periodistas y una pareja de las Hermanas de la Cruz.
Cuarenta sacerdotes, así como el arzobispo emérito de Mérida Badajoz, Antonio Montero, concelebraron la eucaristía que presidió el cardenal Amigo. Se disculpó la asistencia del arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, por estar enferma su madre en Córdoba, y del arzobispo castrense, Juan del Río que está en el Líbano. Al final, el cardenal dio en nombre de monseñor Asenjo el pésame a Andrés Javierre, a la familia Fernández-Palacio, para quien, dijo, Javierre «fue el abuelo, el padre, el amigo y en su corazón estábais todos»; al alcalde y al consejero de Presidencia.
Comenzó su homilía alabando la memoria de Javierre al que calificó de «buen sacerdote, piadoso, humilde, amigo de los pobres, sencillo en los comportamientos, amante de la verdad» y dijo que evangelizó con la pluma y que su inteligencia y sus escritos servían para alabar a Dios, a la Virgen y a sus santos. Destacó que los santos escogían a Javierre para que «nos contara sus andanzas» y él «se encargaba de encadilarnos con ellos». Refirió que Sor Ángela «muy humilde le pidió que por qué no contaba su vida». Resaltó su fe profunda y dijo que fue un sacerdote orgulloso de su vocación que se encargaba de recordarlo con un clerigman «modelo único»: «Era profundamente sacerdote y estaba orgulloso de su ministerio. Sabía acercarse a la gente y hablarle de Dios». Habló de su faceta como periodista, presentador y académico: «Algo que no me perdonó fue que lo nombrara canónigo con la de veces que habló de los canónigos con ironía», y habló de otras facetas de las que se sabe menos: «Cuantas mediaciones, acercar las manos de las derechas y las izquierdas convenciendo a todos los que trabajaban por el bien común». Recordó que supo tener un equilibrio admirable «entre lo tradicional y lo nuevo. Seguía la tradición pero era de innovación porque era fiel a sus principios, fiel a la Iglesia a los Concilios de antaño y al Vaticano II, y sin renunciar a ser aragonés fue sevillano hasta las trancas».
Y dijo que Javierre hablaba siempre de su muerte: «Querido Jose María desde hace algunos años nos venías diciendo que te ibas a morir. Te dije que en esta diócesis mientras yo estuviera no podía ser porque nadie se muere sin mi permiso. Me fuí, me descuidé un poco y se me muere. No lo creíamos entonces y no lo creemos ahora».