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Juan «Haretón», fotógrafo: «Al fotografiar desde el aire, quiero captar la vida de Sevilla»
FELIPE GUZMÁN
Nombre de detective
Haretón es un apodo. Allá por los años 50 el estudio de Juan Velasco Cobos en la Puerta de Jerez aún se llamaba Fotos Velasco, pero sus amigos, como por su trabajo siempre llegaba tarde a sus citas y despistado, le pusieron de mote el nombre de un detective de un serial que daban en la radio, le gustó tanto que le cambió el nombre a su estudio. Su hijo decidió hace poco adecuarse a los tiempos y trasladar el estudio a Aire Sur, en Castilleja de la Cuesta, y allí Haretón, cuya empresa pasa a denominarse «Cuatro generaciones de fotógrafos», junto a una muestra de sus fotografías áereas, industriales y de imágenes religiosas, sigue en su empeño de mostrar imágenes de la mejor calidad.
Actualizado Domingo , 31-01-10 a las 13 : 00
Cuatro generaciones de fotógrafos... ¿quien empezó?
—Mi abuelo, Francisco Velasco. Vivía en Lucena y en un viaje compró una cámara. Luego llegó la Guerra y empezó a hacer fotos de las imágenes del pueblo que los muchachos se llevaban al frente... Así sacó a su familia adelante. Luego mi padre, Juan Velasco Cobos, llegó a Sevilla y creó escuela con sus fotos de imágenes de la Macarena, el Gran Poder, la Trianera, los Negritos... Hacía fotos que marcaban diferencia por la iluminación, parecía que la imagen iba a hablar, con unos perfiles que no ha habido aún nadie que los supere.
—La tradición siguió...
—De sus hijos, yo he sido el único que seguí con la fotografía, era la tercera generación, luego en la cuarta estaba mi hija Macarena de los Reyes, que falleció, y que hizo las fotos oficiales del cardenal Amigo y un reportaje, precioso, de los actos de Santa Ángela en Sevilla con unas fotos en las que, sin explicar nada, transmitía. Tengo otros tres hijos que siguen haciendo fotografías, pero Macarena era una artista...
—Ha seguido la tradición pero incorporó nuevas facetas...
—Mi padre estaba especializado en fotos de estudio, de imágenes y en la fotografía industrial, pero se preocupó por formarme en otros campos. Me envió a Madrid, fui colaborador del diario Pueblo y de ABC de Sevilla, sin dejar nunca de hacer fotografías de imágenes religiosas.
—Y ahora fotos aéreas
—De joven hice algunas, pero tuvimos un percance con la avioneta, que perdió altura cuando fotografiábamos Mercasevilla, y mi padre suspendió aquella aventura, por los riesgos. A raíz de la muerte de mi hija, retomé la idea de hacer fotografías desde el aire, son celestiales, me hace sentirme más cerca de ella.
—¿Es más difícil, qué se necesita?
—Aparte de una buena cámara, hay que tener en cuenta que vas en una avioneta: hay que asomar la cámara fuera de la ventanilla, lo que, además del cambio de temperatura, supone que tengas que sujetar el parasol y cualquier otro utensilio de la máquina muy fuerte, y también hay saltos. Como no puedes bajar cuando quieres tienes que tener las ideas muy claras, por eso hay un primer vuelo de reconocimiento y otro en el que haces la foto, hay que retener la imagen que quieres para captarla y además hacerlo coordinado con el piloto. Al sobrevolar Sevilla con una avioneta te sientes como un gato que atraviesa una autovía, tienes que pedir permiso y a veces los otros aviones te piden que te vayas y hay que esperar permiso de nuevo.
—¿Qué ha fotografiado?
—Todos los puentes, plazas, los campos de fútbol, el estadio olímpico... El objetivo es conseguir imágenes aéreas de Sevilla, de buena calidad,porque en Internet no está bien representada desde el aire. Ahora quiero hacer fotos de la Feria, de la Semana Santa, de una corrida en la Maestranza, la vida de la ciudad, hacer un diagnóstico de Sevilla en todos sus campos.
—¿Cómo se ve Sevilla desde una avioneta?
—Se ve grande y pequeña al mismo tiempo. Son fotografías oblicuas, no perpendiculares. Ves cosas que no se ven desde un avión, sus proporciones, sus colores...
—¿Tan emocionante como fotografiar a la Macarena?
—Es algo diferente. Desde los años 50 no hemos faltado a un besamanos de la Macarena y cada fotografía refleja algo distinto. La primera vez que fui tenía 10 años; fue un viaje a lo desconocido. Llegamos sobre las diez de la noche, al acabar la función, mi padre me dijo que montara el equipo, lo hice en cinco minutos y luego vi como se ponía a hablar con los que estaban allí... Pasó un rato y le pregunté si habíamos venido a sacar fotos. Mi padre me llevó delante de la Virgen y me dijo: mírala, hoy ha recibido a muchos, algunos le han dado gracias, otros le han pedido cosas difíciles y ahora vengo yo a hacerle fotos, entiende que ella es una mujer que se tiene que arreglar, siéntate y descansa, que te aviso. Lo hizo a las cuatro mañana y entonces hicimos las mejores fotos, al amanacer.
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