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Julián Lara, director de cine. Este cineasta sevillano de 34 años, que dirigió una de zombies en los túneles del metro de Sevilla, y otra de vampiros con el bailaor Rafael Amargo, ha optado a rodar con el legendario Peter Jackson y quiere cambiar Sevilla por Los Ángeles
«Lo pasamos genial matando zombies en los túneles del metro»
FOTO: ABC
Publicado Domingo , 14-02-10 a las 08 : 37
—¿Ha probado sangre ajena?
—Sí, pero sólo de animales, es que si no te tachan de caníbal...
—¿Entonces ignora a qué sabe?
—Bueno, intento que no me entre en la boca, aunque en los rodajes es imposible mantener la boca cerrada siendo el director y, a veces, también uno de los actores.
—¿Sevilla, y se lo pregunto sin pensar en su Ayuntamiento, es una ciudad más para vampiros o para zombies?
—Valen tanto unos como otros, cinematográficamente hablando. De hecho he tocado ambos subgéneros del cine de terror. Lo bueno de los vampiros es el glamour, mientras que los zombies me dan una vía de escape para sacar toda la artillería pesada y hacer una masacre… Me quedo con la masacre zombie, que es más barata.
—¿Cuál es su peor pesadilla?
—Que se mueren Spielberg y Peter Jackson sin llegar a conocerlos. Con Spielberg aprendí a amar el cine fantástico y con Peter Jackson aprendí a amar la sangre, por eso mis películas son fantásticamente sangrientas.
—¿Y qué da más miedo, un vampiro o una feminista recién divorciada?
—A pesar de lo insoportable que pueda llegar a ser esto último, no creo que llegue a ser tan letal como un vampiro, eso debería acojonar más, en el caso de que existiera de verdad.
—¿Qué le dijeron en casa cuando dijo que quería ser director de cine?
—Que estaba loco... Hablamos de un hijo que se lo dice a un padre, en una familia donde nadie tiene nada que ver con el mundo del espectáculo. No deja de resultar extraño y acojonante. Pero que conste que mis padres me apoyan en todo. Un padre debería apoyar a un hijo en todo. Bueno, en casi todo.
—¿Cómo le fue rodando en los túneles del metro de Sevilla?
—Bastante bien, la verdad es que fue complicado conseguir el acceso, pues rodé allí en 2003 y la burocracia me hizo dar más vueltas que Astérix en «Las 12 pruebas de Atérix». Estaba empeñado en que mi primer largometraje, titulado «Deadhunter: Sevillian Zombies», tenía que acabar a lo grande. Una vez dentro lo pasamos genial matando zombies, es una pena que hoy en día no haya muertos vivientes que matar en el Metro.
—¿Qué tiene el gore que no tengan otras estéticas?
—Pues el gore tiene mucho colorido, sobre todo el rojo en todas sus tonalidades; y también es muy vistoso, sobre todo cuando embadurnas a alguien de sangre y tripas. Es muy cachondo ver a un actor manejando tripas reales, vaya cara de asco que ponen, créeme que con los presupuestos que manejamos sólo he podido usar tripas falsas una vez...
—¿El barroco sevillano es un poco gore?
—Sí, podría serlo...
—¿Zapatero, en su gusto por el guerracivilismo, es gore?
—Como se suele decir, la verdad siempre supera a la ficción, y creo que la sangre sólo debería estar en el cine, y si es con un toque de cachondeo al estilo de Peter Jackson mucho mejor.
—La ventaja de rodar con las hijas de Zapatero es que se ahorraría el vestuario, ¿verdad?
—Ciertamente, y no me importaría que hicieran un cameo en mi próxima película. Sería muy original, a lo mejor hasta atraería espectadores, ya que el cotilleo y la prensa del corazón están hoy en día tan de moda, imagínate si en lugar de a Patricia Toro hubiera puesto de vampira a Belén Esteban, estarían los festivales de cine abarrotados de gente por ver mi último corto, aunque dudo que Belén hubiera enseñado las tetas.
—¿Cómo convenció a Rafael Amargo para que le protagonizara una de vampiros?
—Hace tiempo que somos amigos, y como tenía un guión bastante corto y rápido de rodar, se lo ofrecí y lo aceptó encantado. Así que como Rafael estaba bastante ocupado con sus actuaciones, lo programé todo para poder rodar durante un fin de semana. Fue duro pero lo conseguimos.
—¿También fue penoso el casting en el que seleccionó a Patricia Toro?
—Qué va, la elegí directamente, sin casting, ya la conocía, actuó en mi último largometraje, «Killing Twice». Era la mejor actriz que podría haber hecho el personaje de la vampira de «Sweet Blood», y eso que aún está estudiando en la Escuela de Arte Dramático. Tiene una soltura y una espontaneidad que ya quisieran algunas. Y cuando veas el corto comprobarás que tiene otras dos buenas cualidades por descubrir...
—Christopher Lee, cuando estuvo en el Festival de Sevilla, dijo que llevaba 32 años sin ver películas de vampiros, ¿le defraudó el maestro?
—En absoluto, me acerqué a saludarlo al Festival, faltaría más, y me dijo esas mismas palabras, pero imagino que debe estar harto por haber hecho tantas pelis de vampiro. A él se le puede perdonar.
—¿Los vampiros del cine, desde que son tan guapos, han perdido credibilidad?
—Parece que sí... lo cierto es que últimamente hay vampiros tan descafeinados en el cine que casi prefiero los vampiros de la tele. Recomiendo la serie de televisión «True Blood» o «Sangre Fresca». Con sangre y tetas, como debe ser.
—Pero un vampiro guapo es como un político honesto, una rareza ¿no?
—Está claro que la avaricia y la codicia de algunos les lleva a cavar su propia tumba.
—¿Los directores de cine siguen ligando con las actrices o eso pertenece a la época de Billy Wilder?
—Eso sigue pasando, pero a mí ya no me ocurre eso porque estoy felizmente casado.
—Hablando de Wilder, ¿qué es lo mejor que le ha pasado en Los Ángeles?
—Los Ángeles es como estar en el paraíso. En cinco visitas he conseguido más reuniones con productores que en este país en muchos años. Me encantaría vivir allí.
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