Evemarina, asesorada por Amparo Rubiales y Javier Pérez-Royo, iba a empezar los trabajos en 2007, pero el Ministerio paralizó el proyecto
Marchépolis
ADRIANO
El juego de intereses de la gestión urbanística de Sevilla ha tenido en Manuel Marchena uno de los pilares básicos de la última década. Sus maneras son bien conocidas en mesas de negociación y de restauración. Brazo político del alcalde, que le ha proyectado su sombra donde el sol del interés económico más caliente, representa una forma de hacer política, incluso con bolsas de basura, como en Bermejales. Sevilla le debe buena parte de lo que es hoy esta ciudad. Sólo un tablero.
ADRIANO
El juego de intereses de la gestión urbanística de Sevilla ha tenido en Manuel Marchena uno de los pilares básicos de la última década. Sus maneras son bien conocidas en mesas de negociación y de restauración. Brazo político del alcalde, que le ha proyectado su sombra donde el sol del interés económico más caliente, representa una forma de hacer política, incluso con bolsas de basura, como en Bermejales. Sevilla le debe buena parte de lo que es hoy esta ciudad. Sólo un tablero.
CLAVES DE LA OPERACIÓN
Evemarina y sus asesores
La empresa malagueña estaba en un momento complicado tras la compra de 57 hectáreas en Almensilla para construir 1.400 viviendas, un hotel y un campo de golf. Tuvo problemas con la licencia y para desbloquear la operación recurrió al asesoramiento de Amparo Rubiales y Javier Pérez-Royo. En esos momentos recibió el encargo de Manuel Marchena de construir la Ciudad del Empleo de Sevilla. Pero Evemarina solicitó diez millones en metálico, además de los edificios de los sindicatos, y ante tanta tensión la cuerda se acabó rompiendo.
La Gavidia y una biblioteca
Ante la petición de Evemarina de más dinero para llevar a cabo la construcción de este proyecto, Urbanismo llegó a ofrecerle, según fuentes de la empresa, la comisaría de La Gavidia para hacer un centro comercial y una biblioteca pública.
Actualizado
Martes
, 23-02-10 a las 21
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06
El ex gerente de Urbanismo y hombre de confianza del alcalde de Sevilla, Manuel Marchena, encargó las bases del concurso para la ejecución de la Ciudad del Empleo en San Jerónimo a la misma empresa con la que ya había acordado construirla. La firma malagueña Evemarina, que tenía contratados como asesores a los juristas socialistas Amparo Rubiales y Javier Pérez-Royo, iba a comenzar los trabajos después del verano de 2007, pero la decisión del Ministerio de bloquear el proyecto impidió incluso que se celebrara el concurso en julio de ese año. Fuentes de la dirección de la promotora han confirmado a ABC que estaba todo cerrado a salvo de la consecución de otros diez millones de euros más para cuadrar los números del negocio, algo que cambiaba sustancialmente la filosofía de su impulsor, IU, para el proyecto, ya que éste se había diseñado para que tuviera «coste cero». De hecho, el Ayuntamiento ya había llegado a un acuerdo con el Ministerio de Trabajo para afrontar la Ciudad del Empleo en esas condiciones. La idea era que UGT y CC.OO. de Sevilla cedían sus edificios actuales —situados en Blas Infante y Trajano, propiedad del Estado— al Ayuntamiento, quien a su vez le devolvía unos nuevos inmuebles en la nueva construcción de San Jerónimo. Por otra parte, el Ayuntamiento ofertaba los dos edificios antiguos como pago por la nueva edificación a la empresa adjudicataria de las obras. Todas las partes habían llegado a un acuerdo a principios de 2007, por lo que sólo faltaba encontrar a la promotora que ejecutara la nueva Ciudad del Empleo. Y esa labor ya no correspondía a la Delegación de Economía, sino a la Gerencia de Urbanismo.
En un principio se apostó por que las obras las hiciera Emvisesa, pero la sociedad municipal acababa de hipotecarse con la ampliación de Fibes y no podía hacer frente a esta nueva situación. Así que se tomó la decisión de buscar una promotora privada. Desde IU se propusieron varias, pero en el Ayuntamiento sólo se tiene constancia por escrito de la propuesta de Evemarina. Y las citadas fuentes de la promotora malagueña ratifican que el entonces gerente, Manuel Marchena, les pidió de forma directa que le hicieran el proyecto. Todo quedó cerrado en junio de 2007, pero a la hora de baremar los edificios y valorar el coste de la nueva construcción, Evemarina determinó que no era rentable y que faltaban unos diez millones. Y ahí quedó bloqueada la ejecución, ya que el Ministerio de Trabajo, como se viene argumentando desde su departamento de Patrimonio Sindical, no aceptó las nuevas condiciones.
Sin embargo, ABC ha tenido acceso a un correo electrónico enviado desde Evemarina al gerente de Urbanismo, Manuel Jesús Marchena, el 25 de junio de 2007, en el que se le adjuntan las bases del concurso que iba a convocarse para la realización de la Ciudad del Empleo. Dicho correo iba con copia para los dueños de la promotora, Borja Ramos y Gonzalo Vergara. El texto es inequívoco: «Te adjunto el Borrador de las Bases del concurso de referencia. Estoy a tu disposición para cualquier aclaración que creas necesaria». Es decir, la empresa que había pedido los diez millones de excedente para rentabilizar el proyecto hizo las bases del concurso de adjudicación. Ese borrador, que viene adjuntado en el citado correo, tiene fecha del 22 de junio e incluye también el «Informe jurídico para el desarrollo del proyecto de la Ciudad del Empleo».
Aún no se había adjudicado nada, pero a Marchena parecía preocuparle poco la composición de la mesa de contratación. Desde Evemarina se aclara que «por lo que nosotros sabemos, Urbanismo le propuso esto a dos empresas más», pero al Ayuntamiento sólo llegó la propuesta de la promotora malagueña, que tenía muy perfilados todos los aspectos del contrato con el Ayuntamiento. Para ser más precisos, las fuentes señalan que sólo había una diferencia en los plazos de ocupación. «El personal de los sindicatos se venía a las nuevas instalaciones, pero no tenía plazo para irse de las antiguas, por lo que nos pusimos a negociar eso», aclaran. Pero todo lo demás estaba visto para sentencia.
En Evemarina explican que se estudiaron los edificios de Trajano y Blas Infante para baremarlos. Al primero de ellos le encontraron dos problemas básicos: que no tiene garaje y que intervenir en él es muy costoso por la céntrica ubicación que ocupa. Al de Blas Infante, en cambio, se le vieron muchas posibilidades. Incluso «hicimos una peritación de cómo estaba la estructura, ya que se podía hacer un hotel pensando en que ahí iba la Ciudad de la Justicia».
Pero la conclusión final tras realizar estos estudios es que no era rentable. Por ello, Evemarina solicitó «otro posible edificio como compensación y nos hablaron de la comisaría de la Gavidia para un centro comercial y de una biblioteca pública». Pero en ese momento el Estado lo paralizó todo. «Íbamos a restaurar por nuestra cuenta las naves de Renfe de San Jerónimo, que son impresionantes», aseguran los promotores, que habían visto en aquel negocio una posible salida de la crisis que ya estaban empezando a sufrir. De hecho, Evemarina terminó su periplo con una grave situación financiera en 2008 que la abocó a ser absorbida por un grupo de capital qatarí. Y tanto Amparo Rubiales como Javier Pérez-Royo le asesoraron jurídicamente en esa etapa. Uno de sus trabajos más señalados en este aspecto fue el intento de neutralizar la paralización del complejo que esta compañía iba a construir en Almensilla, con campo de golf incluido.





