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Jueves , 25-02-10
Juan Saura, director técnico de la Confederación del Guadalquivir. A pesar de las lluvias y los desembalses, este experto sostiene que la subida del nivel del río es «paulatina y suave y da tiempo a reaccionar»
Un periodo prolongado de lluvias persistentes, del todo punto inusual, ha provocado que los pantanos que regulan la cuenca del Guadalquivir tengan que desembalsar agua hasta hacer que el río desborde su caudal y afecte a las zonas inundables colonizadas por el urbanismo ilegal. Afortunadamente, en las grandes ciudades las infraestructuras de defensa han evitado que este proceso, que Juan Saura analiza para ABC, llegue a mayores.
-¿Qué circunstancias se han dado para que el Guadalquivir se comporte como lo ha hecho?
-Llevamos dos meses de lluvia de cierta entidad. Tanto, que ha llovido el triple de lo habitual de acuerdo con los valores medios. Lo que en condiciones normales no producía nada, ahora resbalan sobre el suelo empapado y es un agua neta que va a río.
-¿Qué papel juegan los embalses?
-Han ido reteniendo muchísima agua, han triplicado su capacidad de embalse, ahora están por encima del ochenta por ciento de media, cuando antes estaban al treinta, y algunos han llegado al cien por cien. Los embalses han hecho una protección total, hasta el punto de que los caudales que ha habido hasta ahora escasamente han superado los mil metros cúbicos en el tramo medio, y los dos mil en el tramo bajo.
-Pero las inundaciones se han producido a lo largo de casi toda la cuenca. ¿Prevé que van a ir a más?
-Los embalses están llenos, el terreno está húmedo, la laminación es mucho menor y estamos funcionando casi como en régimen natural. Entonces, los ochenta litros del martes en Jaén y los veinte o treinta en el resto de la cuenca, han generado en la provincia jiennense una situación que no se recordaba desde los años 60. Son dos mil metros cúbicos por segundo y con esos caudales el río se tiene que desbordar. No se puede enchiquerar como un toro en el cauce y busca su llanura de inundación. Y los ríos reclaman periódicamente sus escrituras de propiedad. El agua que viene de Jaén le va llegando al tramo medio y bajo de una forma más amortiguada. En la provincia de Sevilla se llegará a los tres mil metros por segundo.
-¿Cuál es el caudal máximo que ha llevado el Guadalquivir?
-En 1963 se rondó los seis mil metros cúbicos por segundo. A raíz de entonces se iniciaron todas las obras de defensa de la Corta de la Cartuja, etc. En febrero de ese año se alcanzó un caudal instantáneo de casi ses mil metros cúbicos por segundo en el Patrocinio.
-¿Se están gestionando bien las operaciones de desembalse?
-Sí. Podríamos tener una situación mucho peor, lo que no quiere decir que no sea importante. Todos los servicios están alerta, y afortunadamente la subida de nivel del río Guadalquivir es paulatina y suave y da tiempo a reaccionar. El trabajo lo están haciendo funcionarios con gran experiencia. Afortunadamente, a pesar de lo que está lloviendo no se han producido daños personales, hasta ahora.
-¿La cuenca tiene más posibilidades de regulación con otros embalses?
-Tanto la Agencia Andaluza del Agua, que lleva la gestión del río, como nosotros, que estamos coordinados con ellos porque tenemos algunos embalses del Estado, estamos de acuerdo en que un embalse debe tener tres condiciones: que sean técnica, ambiental y económica viables. Si se aplican los tres conceptos prácticamente no se pueden hacer más salvo alguno pequeño en la cabecera, en Ciudad Real, en el río Jándula, también en el Genil, aguas arriba de Écija y otro de «agujero» en Málaga para frenar las avenidas del Genil.
-¿El problema de la ocupación de las zonas inundables por el urbanismo tendrá algún día solución?
-No es un problema nuevo, y las cosas que vienen de atrás, de muchos años, no son fáciles de resolver. En 2004 se introdujo una modificación en la Ley que hace obligatorio que todos los planes urbanísticos tengan un informe favorable de no inundabilidad. Eso ha funcionado bien en Andalucía, aunque no se está exento de tensiones. Pero hay pueblos que el problema se remonta a la época de los romanos y las soluciones hay que buscarlas con infraestructuras. Eso está plenamente justificado en las grandes ciudades. En las zonas rurales, con construcciones alegales y dispersas, es muy complicado defenderlas con infraestructuras. Si un señor se pone a diez metros del Guadalquivir es imposible defenderlo.
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