Marco Augusto Dueñas_Escultor

Sábado
, 27-02-10
Que el gen de la creatividad es una partícula que viaja sin rumbo por el espacio lo demuestra el caso de este joven escultor. Miembro de una familia de camioneros y sin rastro de antecedente artístico alguno, Marco Augusto Dueñas emergió como un talento natural en sus primeros años de vida. «Siempre estaba pegado a un lápiz», sostiene. Pero no para ejecutar fórmulas matemáticas, sino para garabatear sobre un papel en blanco.
Marco Augusto Dueñas (Córdoba, 1971) percibe en Córdoba una cantera excepcional de jóvenes artistas que no encuentran, sin embargo, una merecida correspondencia institucional. «Hay gente muy buena trabajando, desde pintores a escultores, pero en medio de una situación muy pobre», lamenta. «Son artistas de primera que no tienen sitio», sostiene. Según reflexiona, los «políticos no hacen nada» por promocionar su obra, y asegura que «cualquier evento lúdico tiene más apoyo que las iniciativas de carácter permanente», en referencia a museos o contenedores de arte. «Aquí se pueden hacer cosas», subraya, «pero al final tienes que irte fuera para poder trabajar» en el terreno artístico.
El de Marco Augusto Dueñas es un lamento largamente repetido por innumerables creadores. Y el suyo es un caso paradigmático. Con 14 años ya aprendía en un taller de piedra. Y con 17 compuso la María Auxiliadora, que durante años salió en procesión. En Arte y Oficios destacó por su destreza y su excelente historial académico. Y pronto se curtió en las labores más arraigadas del oficio: joyería y Semana Santa. «En Córdoba tienes que trabajar este tipo de arte. Si no, no eres andaluz».
Pero su proyección artística ha sido labrada fuera de las estrechas fronteras de Córdoba. Su obra cumbre, la que ha puesto su nombre en circulación, se alza en el Vaticano. «Es un sueño para mí. El Vaticano es el lugar más emblemático de la cultura. Un sitio clave», explica. Fue el propio monseñor Marchisano quien le pidió que se presentara a un concurso restringido para la ejecución de una estatua de Santa Rafaela María de Porras. Y lo ganó. La figura, de más 5,40 metros de envergadura, ya comparte escenario con obras de algunos de los más importantes escultores del mundo.
Dueñas pudo optar a este elitista concurso porque ya se encontraba en la Toscana, trabajando para un proyecto realmente extravagante y muy poco conocido. El artista ha esculpido durante diez años un grupo escultórico compuesto por 50 estatuas que representan a otras tantas figuras insignes de la historia cordobesa. El magno proyecto fue encargo personal del promotor Rafael Gómez, que pretendía ubicar las efigies en parques públicos de Córdoba. Pero la severa recesión económica y algunos atolladeros judiciales encallaron el proyecto y las estatuas duermen apaciblemente en Italia.
Aparte de pintorescos episodios como éste, Marco Augusto Dueñas, que lamenta el escaso interés que el municipio ha mostrado hacia su obra, se muestra crítico con ciertos comportamientos en su gremio. «Hay muchos artistas que van de artistas. Y se olvida el trabajo artesanal, la disciplina, el sufrimiento. Se están perdiendo todos estos valores». Con todo, recibe con satisfacción algunas iniciativas que emergen en los últimos años. Tal es el caso del Centro de Arte Contemporáneo, «un proyecto magnífico», en su opinión. O la candidatura de la Capitalidad Cultural. «Se están haciendo muchas cosas bien, y otras no tanto», matiza.
En el saco de las objeciones anota Dueñas el desinterés mostrado por el Ayuntamiento hacia la inauguración de su estatua del Vaticano. «Fue una oportunidad de difusión de Córdoba y la perdieron. Les ofrecí la posibilidad de que participaran en el acto, al que asistieron un jefe de Estado y cuatro cardenales, que tienen rango de ministros, pero dijeron que no». Lo cual le llena de perplejidad y desconcierto.

