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Jueves
, 04-03-10 a las 06
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Monteseirín no se ha ido. A este alcalde que nombró a dedo a un asesor condenado por corrupción lo han echado. Que esto quede claro aunque la maquinaria de la propaganda pretenda convencernos de lo contrario. Monteseirín llegó de la mano de Chaves para conjurar la candidatura de José Rodríguez de la Borbolla -¡qué alcalde se ha perdido Sevilla!- y se va después del manotazo, vulgo cosqui, que le ha endiñado Griñán. Al alcalde sitiado por la corrupción le han pasado factura las facturas falsas que hasta el Tribunal Supremo han llegado. Ya no se puede llegar más alto ni caer más bajo.
Este alcalde no ha mostrado ni un ápice de dignidad en su anunciada despedida. En vez de irse cinco minutos antes de que lo echaran, se ha largado diez minutos después de que le dieran largas. Al tercer día del tercer mes del año fue la vencida. Griñán se ha quitado un peso de encima. No un peso pesado, sino un peso mosca por aquello del hedor que despedía y sigue despidiendo su gestión. En cuanto a la cacería política y mediática que denuncia el alcalde de las facturas falsas, una pregunta en voz alta, que aquí no nos callamos para bailarle el agua al poder: ¿no habrá sido al revés, don Alfredo? Haga memoria, que es muy sano. Nosotros, los que hemos sufrido esos métodos, no haremos leña del árbol caído: nos limitaremos a rodearlo para no ensuciarnos con la resina que segrega.
Este pequeño Nixon —el copyrigth es de Félix Machuca— se irá con más de un Watergate con tomate. Dejará atrás una ciudad endeudada hasta las trancas. Empresas municipales en situación de quiebra técnica. Un metro que en diez años sólo ha alumbrado una línea sin que nadie sepa qué va a ocurrir con el resto. El absurdo tranvía que le sirvió para presentarse con algo tangible en las elecciones de 2007. O ese engendro de las setas venenosas de la Reencarnación.
Pero lo peor no es eso, sino la degradación moral de la ciudad, esa pesada herencia que los sevillanos habrán de pagar en incómodos plazos. Corrupción por todos lados, nepotismo de diseño, sectarismo sin medida, división de los sevillanos en buenos y malos, redes clientelares para conservar el voto en los barrios afines, uso del Ayuntamiento para colocar a la gente del partido… Algo se muere en el alma cuando un alcalde se va, y aunque diga lo contrario se lo ha cargado Griñán.

