Publicado
Sábado
, 06-03-10 a las 07
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Hace muchos lustros que terminé la licenciatura en medicina y cirugía; siempre estuve orgulloso de mi profesión porque no existe mejor oficio que éste para personalizar la lucha por la vida de todo ser humano. Son muchos los años transcurridos desde que me especialicé en las disciplinas de psicología médica y psiquiatría; permanentemente me he sentido satisfecho por la lucha emprendida en busca de un equilibrio psicológico fácil de desestabilizar en un mundo plagado de ansiedades y trastornos afectivos. No es extraño que hoy, querido lector y entrañable amigo, te pida que mañana nos acompañes en la concentración convocada por diferentes asociaciones y hermandades de nuestra ciudad contra la pretendida ley del aborto. Irás a favor de la vida de todo ser humano desde su inicio hasta la muerte.
Nunca podrás participar en un acto más coherente con los principios de la preservación del hombre desde que es y está hasta su extinción como individuo, sea cual sea su estadio embriológico o postnatal, su sexo, raza, religión, cultura, condición social o cualquier otro motivo diferenciador. Mañana a las doce de la mañana, si Dios quiere, en la concentración programada en la Plaza Nueva, proclama con satisfacción y alegría que quieres defender la vida de principio a fin buscando salud donde exista enfermedad y cariño donde haya rencor.
La vida, nuestras vidas, son a veces difíciles y complicadas, desde la fecundación hasta la muerte; necesitamos esfuerzos titánicos para llevarla con garbo y con salero como corresponde a personas de larga y azarosa estirpe. Trabajemos en sentido positivo y no buscando cercenarla, cortarla de raíz. Dejemos a un lado rencillas y diferencias. Ayudemos a bien nacer, a bien vivir y a bien morir. Ayudemos siempre a bien estar, de principio a fin, alfa y omega de la existencia natural del ser humano. Por eso ve con la sonrisa en los labios y la mano extendida. Hemos de creer en un futuro vivo y esperanzador para todos los mortales.

