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Actualizado Lunes , 08-03-10 a las 10 : 42
No es la primera vez que pasa, y, de hecho, recuerdan los lugareños que en 1997 el pantano de Iznájar se encontraba hasta dos metros por encima de su situación actual (94,33 por ciento, con 925 hectómetros cúbicos) y llegó a desembalsar a través de dos de sus siete compuertas, con una incesante cascada cayendo, además, por encima de las compuertas metálicas, desde lo más alto de la presa. Así, al menos, lo aseguran Dolores Reina y Juan Carlos Galancho, ambos vecinos de Cuevas de San Marcos, el municipio de Málaga al que el cuerpo de la presa mira directamente de frente.
Agua de las nieves
Aquel año, al igual que ahora, «llovió lo que no estaba puesto en los escritos» y al Iznájar le pasó lo mismo que le está ocurriendo ahora: por encima de él, en la provincia de Granada, hay otros dos embalses (Quéntar, al 95,52 por ciento de su capacidad, y el de Canales, al 92,64), que son los que de forma natural absorben el agua del deshielo de Sierra Morena, pero, en la fecha actual, están a su vez desbordados y desembalsando, con lo que parte del agua que sueltan llega hasta el Iznájar, al igual que la de las cumbres nevadas del macizo granadino.
Así pues, ésta es la tercera vez desde su puesta en funcionamiento en el año 1969, que el mayor pantano de Andalucía desembalsa agua, aunque ya en 2004 la Confederación Hidrográfica puso en alerta a los pueblos de la Vega del Guadalquivir, debido a que el Iznájar estaba al 94 por ciento por el agua de las nieves y se habló de soltar agua, aunque, finalmente, no se llegó a ese extremo.
La primera ocasión la recuerda bastante bien Emilio Pavón Soldado. «Fue prácticamente nada más inaugurarse y también llovió con ganas», comentó, mientras señala las bajeras del puente de entrada al municipio desde Rute, en las que se distingue perfectamente la marca de hasta dónde llegó el agua ese año, «y ahora todavía le quedaría un metro y pico».
En su opinión, «si está soltando agua, es porque no saben lo que todavía está por venir». Entre otras cosas, porque las previsiones siguen indicando nuevas precipitaciones y en la actualidad al Iznájar está entrando tres veces más caudal de agua de lo que suelta.
El pasado 19 de febrero, cuando el Iznájar se encontraba ya al 82 por ciento de su capacidad, la Agencia Andaluza del Agua optó por que se abriera una de las compuertas, así como el canal que se encuentra bajo la central eléctrica a pie de presa, lo que le permite soltar un volumen de 50 metros cúbicos por segundo.
Pero la importante subida del agua ha seguido siendo patente desde ese día. Lejos de bajar, el porcentaje de llenado del embalse ha ido subiendo llegando al 84 por ciento el día 21; el 90 por ciento el día 25, el 93 tres días más tarde, o el 94 por ciento del pasado 3 de marzo.
Lejos han quedado ya porcentajes como un 28,49 por ciento el 23 de agosto de 2009, cuando se empezaba a hablar de «pertinaz sequía», llegando a un 26,58 por ciento en octubre y pasando a un entonces esperanzador 28,28 en el mes de noviembre.
«Y si no empezó antes a soltar agua era porque tenían que esperar a que bajara el Guadalquivir, que ya amenazaba a pueblos como Palma del Río», aseguró con ojo crítico Juan Carlos Galancho. Aún así, Palma, junto con la aldea lucentina de Jauja, siguen mirando al río Genil con temor por lo que pueda venir de nuevas crecidas.
Espectáculo turístico
Ahora, resulta un espectáculo bastante impresionante llegar hasta la corona de la presa para contemplar el estruendoso chorro que apenas sí permite mantener una conversación tranquila con el vecino de al lado.
Tanto es así, que los domingos se forman auténticas romerías procedentes de los municipios cercanos, como Lucena, Rute o Cuevas de San Marcos, tal y como señalan Miguel Zamorano y Luis Bustinzuriaga, ambos procedentes del municipio lucentino, «porque esto no es tan normal como lo que la gente cree y bien merece la pena venir a conocerlo».
Además, como aseguran todos, «la cosa va para largo con el cielo como está».
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