José Callejón, primero por la izquierda, en la fila más alta, junto al Señor Rescatado y la Virgen de la Amargura, que él había tallado. ABC
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Lunes
, 08-03-10 a las 10
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En la letra pequeña de las publicaciones sobre Semana Santa menudean los nombres de artistas que realizaron trabajos importantes, incluso emblemáticos, pero que no llegaron al estrellato de los consagrados.
En esta amplia nómina figura José Callejón Gutiérrez, un autor prácticamente olvidado ya que su nombre, aunque figura en los libros «Semana Santa en Córdoba» y «Semana Santa en los pueblos cordobeses» (Caja Provincial de Ahorros, 1989 y 1990) no tiene entrada en el pretendidamente exhaustivo «Diccionario cofrade cordobés» de Francisco León Torres ni en el académico estudio sobre «Imagineros andaluces contemporáneos» de María Dolores Díaz Vaquero.
Influjo granadino
Sin embargo, Callejón dejó en las cofradías de Córdoba y provincia varias obras de importancia, entre ellas una imagen titular, así como trabajos en templos y parroquias que siguen concitando la veneración de los fieles.
José Callejón Gutiérrez nació en Granada en julio de 1913. De formación inicialmente autodidacta, pasó un tiempo como aprendiz en el taller del conocido escultor Juan de Ávalos (1911-2006), y en 1940 se vino a vivir en Córdoba, donde trabajó en el taller de Rafael Díaz Fernández.
Muy poco tiempo llevaba en nuestra ciudad cuando recibió su primer encargo para una cofradía, que a la postre sería su única imagen titular en la capital: la hermandad de Jesús Rescatado, fundada en 1941, confió en él para que tallara la imagen de María Santísima de la Amargura; se bendijo en 1942, pero no comenzó a salir procesionalmente hasta tres años después, aunque luego estuvo bastante tiempo sin formar parte del cortejo penitencial del «Señor de Córdoba». Poco después realizó las tallas del paso del Cristo de la Misericordia, estrenado en 1943.
Tanto en el aspecto primitivo de la Virgen de la hermandad del Rescatado como en las tallas del paso de la cofradía de San Pedro —de modo especial, los ángeles del frontal y la Dolorosa y el Ecce-Homo que presiden los costeros— se aprecia claramente su vinculación estética con la escuela barroca granadina, apreciable también en otras obras de su autoría.
Tuvo su primer taller propio en la calle Montero y posteriormente se trasladó a otro local, más amplio, en la esquina de las calles Buen Suceso e Isaac Peral. Siguió con su carrera alternando trabajos para particulares —marcos, muebles, cabeceros de camas— con encargos para cofradías, y así talló en 1948 la imagen de San Juan Evangelista que sigue procesionando cada Viernes Santo en Belalcázar con la hermandad de Jesús Nazareno de aquella localidad, para la que también hizo, cinco años más tarde, la efigie de Nuestra Señora de la Soledad.
Nuevamente para la capital, en 1949 labró las cuatro cabezas de los evangelistas que había en las esquinas del paso del Descendimiento, y que fueron reemplazadas por otras iguales, de menor tamaño, talladas por José Carlos Rubio.
Unos años más tarde, ya en 1956, talló la imagen de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli para la cofradía de esta advocación de Pozoblanco, una obra suya que años después sería restaurada por Juan Martínez Cerrillo. También Cerrillo actuó de forma significativa sobre su primera obra, la Virgen de la Amargura, a la que en 1966 cambió sustancialmente su aspecto, al quitarle su rasgo más peculiar —la mirada hacia arriba— y retallar parte del rostro; otra actuación sobre la imagen, llevada a cabo en 1999 por Antonio Bernal y Francisco Romero, le dejó su aspecto actual, que en nada recuerda al que le dio Callejón.
No sólo trabajó el artista granadino para cofradías de penitencia; el paso del Corazón de María, que salía procesionalmente de San Pablo y que hoy tiene la cofradía del Cristo de la Piedad de Las Palmeras, también fue obra suya, como suyo es el templete de la iglesia de las Esclavas y la imagen de la Inmaculada Concepción que preside el retablo principal de la parroquia de la Inmaculada Concepción, réplica a escala muy ampliada de la conocida Purísima de Alonso Cano que se custodia para la Catedral de Granada.
En 1966 dio un giro a su vida personal y profesional: ese año se trasladó a Barcelona, donde pasaría el resto de su vida dedicado a la talla y restauración de piezas de marfil, realizando trabajos muy especializados en este campo para anticuarios y galeristas de la Ciudad Condal. Allí murió el 29 de enero de 1979.
Callejón es una muestra de la conexión entre las diversas dinastías familiares de artistas existentes en la Córdoba de la posguerra: llegado a la ciudad para trabajar en el taller de los Díaz (Rafael Díaz Fernández y su hijo Rafael Díaz Peno), con él comenzó trabajando Antonio Rubio Moreno, padre de José Carlos Rubio Valverde, todos ellos tallistas destacados; también trabajó junto a Aurelio Sanchiz —esposo de su hija Pilar Callejón Sánchez—, con el que colaboró en la imagen del Corazón de Jesús que se venera en San Hipólito y que procesiona cada año el mes de junio.

