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Martes
, 09-03-10 a las 06
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Cuando se produjo la guerra civil que enfrentó a Julio César con Pompeyo, aquella Hispalis se puso del lado del segundo… hasta que el primero ganó la contienda: entonces todos los hispalenses se convirtieron en armaos de la centuria romana cesarista. Esos mismos hispalenses se volvieron visigóticos desde el minuto uno de la invasión que llegó del norte y que se terminó cuando el ejército musulmán, vulgo los moros, impuso una nueva ley. ¿Qué hicieron los paisanos de Isidoro y Leandro? Pues entregarse al invasor. Esa historia se ha venido repitiendo de forma continua hasta el punto de que los mismos sevillanos tiraron del carro que ocupaba Fernando VII como si fueran caballos… o zarrías: que ésos han sido los nuevos señoritos de esta ciudad entregada en cuerpo y alma al partido gobernante.
Ni la Falange acumuló tanto poder en Sevilla. Tanto poder… ni tanta sumisión. Hagan la cuenta o el recuento. ¿Qué ha hecho la sociedad civil sevillana ante el chalaneo que se trae el PSOE con el Ayuntamiento de la ciudad? Quitan y ponen alcaldes como si esto fuera su cortijo. No respetan lo que dijo el pueblo en las urnas. Usan las instituciones como si fueran el patinillo trasero de la sede socialista para lavar los trapos sucios de los grupúsculos que se disputan lo único que les interesa: el poder.
¿Y qué hace la sociedad civil hispalense? Pues lo de siempre: comer y callar. En boca cerrada no entran moscas, sólo canapés. Ninguna asociación sevillana ha alzado la voz. ¿Las universidades? Silencio académico. ¿Los colegios profesionales? Silencio profesional. ¿Los comerciantes y empresarios? Silencio patrimonial. ¿Los sindicatos? Silencio vertical. ¿El Ateneo y las cofradías? Silencio rancio. ¿Las asociaciones subvencionadas? Silencio al por mayor. «Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice». Bien. Pero también se puede ser esclavo del silencio, que es la peor de las servidumbres.
Una ciudad a la deriva, sumida en el paro y en la crisis económica, abierta en canal y en Bueno Monreal, podrida y envenenada por las setas reencarnadas, sin modelo para el futuro y con un presente que se desliza por el filo de la navaja con que Griñán se ha cargado a Monteseirín como si ser alcalde de Sevilla fuera un carguillo orgánico del partido. Eso es Sevilla, la ciudad que se entregó en cuerpo y alma al PSOE como si fuera su amo y señor. El resto es silencio.

