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Actualizado Miércoles , 10-03-10 a las 07 : 01
Desde que el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, admitió —minutos después de que lo anunciara el presidente de la Junta, José Antonio Griñán— que no optaría a un cuarto mandato, el Ayuntamiento de Sevilla se halla sumido en una encrucijada que lo asemeja a un barco sin timonel incapaz de capear el temporal al que lo han condenado las tensiones que sacuden al PSOE provincial. En medio del desastre, los dirigentes socialistas hacen alardes para que Monteseirín siga al frente del Ayuntamiento hasta las próximas elecciones municipales, lo que coloca al Consistorio hispalense en una situación de interinidad tan peligrosa como insostenible, sobre todo en un estado de crisis como el que ahora mismo soporta.
Pensar que Sevilla puede seguir en la dinámica actual durante el próximo año y medio es una idea que en sí misma repugna la razón, a la vista de la incertidumbre que causa y del rechazo que la actual situación está generando en los propios ciudadanos, que ayer mismo se tomaban a chacota la «inauguración» a bombo y platillo de los nuevos dieciocho metros de acerado del ahora llamado Paseo de Roma.
El «me voy, pero no» y «el me quedo, pero tampoco» de Alfredo Sánchez Monteseirín, unido a la falta de firmeza, resolución y responsabilidad del PSOE ante la situación creada, alcanza ya todos los visos de un folletín por entregas, de una farsa tragicómica, cuyo telón de fondo es el sillón vacío de una Alcaldía sin rumbo tras la que se parapeta a la desesperada Izquierda Unida, empeñada en seguir llevando las riendas de la ciudad gracias a sus 25.000 votos. Mientras, el alcalde se obceca en seguir deshojando la margarita de su marcha, escudado tras iniciativas de escasa o nula trascendencia con las que da la impresión de que lo único que pretende es ganar tiempo antes de retirarse.
Hasta ese momento, el Ayuntamiento seguirá ofreciendo la imagen de un desolador vacío de liderazgo del que el único responsable es el PSOE, que ha convertido a Monteseirín en regidor interino. Por eso es preciso que dé ya el paso adelante que Sevilla merece y otorgue el bastón de mando a unas manos que aún puedan evitar la debacle.
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