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Jueves
, 11-03-10 a las 07
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No son todavía tiempos de paz, que la guerra sigue para conseguir que el equipo se suba al podio en el que a final de temporada estarán quienes suban a Primera, pero está claro que este Betis de nuestras entretelas vive su mejor momento de la temporada, el más calmo, tan infusionado de valeriana que algún furriel, incluso, sueña con poder hacer cambios en una tropa que tiene elementos con toda la pinta de estar infiltrados por el enemigo.
Víctor ha traído la felicidad al plantel. El maño vende con la misma facilidad humo que certezas, pero aunque en su anterior etapa demostró que no siempre puede conseguir que el grupo decodifique bien su código, lo cierto es que sabe cómo quiere que juegue su gente, que no le da igual el fútbol que haga, que es de los convencidos de que el buen trato del balón desemboca en el maltrato deportivo al rival, más cuando como en el caso bético se tiene de calidad de sobra, sobre todo en el palomar. Lo decía ayer Pavone, por su suplencia poco sospechoso de ser un pelota: «Con Víctor, la forma de jugar es más acorde con la plantilla que hay».
Al tiempo que el plantel recobra la sonrisa, en el club hay quien piensa ya en el futuro y pide que se instaure de nuevo la guillotina, no en balde las estructuras tienen pintas dieciochescas y el artilugio se estrenó en París en el 92. En 1792, exactamente. Manuel Castaño, cuya fuerza en el consejo no es la misma que antaño, declaraba ayer que los cambios en la dirección deportiva y en la de comunicación de la entidad eran deseables «por convicción o por necesidad». No sé qué trato le darán hoy desde el aparato de propaganda o si Momparlet le contestará fichando al hermano de Sunny para el futuro imperfecto, pero en cualquier caso Lopera debería hacer caso al abogado. Y un favor a sí mismo.

