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Actualizado Lunes , 15-03-10 a las 07 : 38
¿Quién es Griñán? La pregunta se la hace la mayoría del pueblo andaluz, que no conoce a este político profesional que lleva casi treinta años en la poltrona. ¿Quién es Griñán? La misma pregunta se vuelve retórica cuando uno repasa el curriculum del viejo y nuevo presidente de la Junta de Andalucía: viejo porque ya ha gastado todos los sillones habidos y por haber, y nuevo porque intenta vendernos el cambiazo como si fuera un cambio de verdad.
¿Pero quién es Griñán para pedirme explicaciones a mí? Lo pensó Zapatero en el congresillo donde salió elegido el hombre nombrado por Chaves en una votación que olía al otro lado del extinto telón de acero.
Esas unanimidades reflejan todo lo contrario: tienen metido el miedo a la derrota en el cuerpo electoral, y se refugian en el cierre de filas para conjurarlo. Zapatero se preguntó eso mismo cuando Griñán le exigió el pago de la Deuda Histórica. La respuesta que obtuvo fue la más humillante de todas las posibles: el silencio impasible. Como el desprecio de Herodes hacia el Justo. Igualito.
La Deuda Histórica, tan manoseada que ya ha perdido el brillo reivindicativo del 28-F, es uno de los mejores engaños que ha sabido manejar el PSOE durante los ocho años de la confrontación con el Gobierno del PP. Todo valía para oponerse a Aznar. Por eso se sacó del baúl de los olvidos este asunto que sirvió de lanza, de ballesta o simplemente de navaja trapera para engordar la caricatura que desde Andalucía se hizo del Tío del Bigote. Aznar no quería pagarnos lo que era nuestro. Aznar era un enemigo de Andalucía que no soportaba que los andaluces no le votaran. Hecha la consigna, sólo había que repetirla hasta la saciedad de la propaganda.
Ahora todo es diferente. Ahora sale el viejo y nuevo presidente de la Junta y se envaina el silencio de ZP para no hacerle daño al partido… ni a sí mismo. Griñán sabe que Escuredo, Borbolla y el mismo Chaves cayeron por orden de Madrid. El pueblo andaluz no elige: se limita a refrendar. Aquí no se dilucidan las candidaturas. Ya vienen hechas desde Moncloa.
Griñán ya se ha comido el primer sapo como secretario general. El silencio de Zapatero, ese presidente que habla por los codos y que el sábado no dijo ni mu. El jefe de filas que, cuando escuchó la exigencia del pago aunque sea en solares, se hizo la misma pregunta que la mayoría del pueblo andaluz cuando lo llaman para una encuesta: ¿Pero quién es Griñán…?
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