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Urbanismo desaloja dos casas en Alcolea y un bloque de La Fuensanta por tener grietas
Miércoles , 17-03-10
A Urbanismo se le ha metido el miedo en el cuerpo. Y a su vez se lo está inoculando a los vecinos que tienen alguna grieta en su casa. La entidad municipal que preside Francisco Tejada ordenó ayer de forma fulminante el desalojo de tres inmuebles con fisuras en sus tabiques; dos se encuentran en la calle La Barca de Alcolea y son viviendas unifamiliares. El tercero se halla a la espalda del centro comercial El Arcángel, en el número 13 la calle Venerable Juan de Santiago, y se trata de un bloque donde viven dieciséis familias, que ayer a media tarde fueron obligadas por la Policía Local a abandonar sus casas.
En todos los casos, según fuentes municipales, existen grietas. Las de las casas de Alcolea no afectan directamente a las viviendas, sino a los patios, y están causadas por la crecida del arroyo Guadalbarbo.
La familia que reside en el número 32 de la calle La Barca de la citada barriada periférica lleva una semana viviendo en el Hotel Mariano con los gastos sufragados por el Ayuntamiento, mientras que la propietaria del número 42 fue desalojada ayer.
Las escenas más desgarradas se contemplaron, empero, en la Fuensanta. Un funcionario municipal llamó al timbre de los dieciséis vecinos poco después de la sobremesa para avisarles de que debían marcharse en un plazo inmediato. En la misma tarde. ¿El motivo? Las obras de consolidación del edificio, de 42 años de antigüedad, que son precisas para neutralizar el riesgo de unas grietas en la mayoría de los pisos (no en todos).
Hay que recordar que, tras el derrumbe de una casa en Los Olivos Borrachos el 2 de marzo pocos minutos después de que los vecinos salieran de sus pisos por miedo a las grietas, el presidente de Urbanismo firmó una orden para que todos los inmuebles que tengan que ser sometidos a tareas de consolidación sean desalojados. Esta decisión está motivada, en gran parte, por la deficiente actuación del Consistorio con la casa que se derrumbó en Juan de Ávila (Los Olivos Borrachos) hace quince días: un técnico municipal la visitó semanas antes de su desplome pero no vio necesario que los inquilinos dejaran de habitarla.
Psicosis municipal
El caso del bloque de pisos junto a Eroski deshabitado ayer ilustra bien la psicosis de Urbanismo que ha derivado en esta especie de desalojos preventivos. Según la orden dictada por la Oficina de Ruinas municipal, a la que ha tenido acceso ABC, la comunidad de propietarios solicitó a Urbanismo el pasado 24 de febrero que visitase el inmueble debido a la existencia de grietas, que según los testimonios recogidos por este periódico llevan en los pisos varios años pero que se han agrandado desde que comenzaron a caer las copiosas precipitaciones del último mes.
Tras visitar el bloque, Urbanismo concluye que «presenta daños que comprometen la seguridad de las personas que lo habitan y se prevé la necesidad de la realización de obras de consolidaciones para asegurar la estabilidad del inmueble».
Sobre los daños, la orden de desalojo emitida ayer indica que existen «fisuras y grietas en los tabiques causados por asiento de la edificación por fallo del terreno, por fallo del saneamiento o por cualquier fuga de agua».
Los vecinos, a los que el Ayuntamiento apremia ahora a que arreglen sus pisos, eran conocedores desde hacía tiempo de este problema. «Al ver que las grietas iban a más, contratamos a un perito para que evaluase los daños, e hizo un proyecto para subsanarlos», indicó Luis Martín, uno de los propietarios. «El 24 de febrero pedimos a Urbanismo una licencia para realizar la obra de mejora del edificio, para la que ya habíamos hecho una estimación de presupuesto», añadió.
La solicitud del permiso se estaba tramitando en la entidad municipal que preside Francisco Tejada justo cuando arreciaban las críticas por su gestión de los desalojos en varios edificios en ruinas de Los Olivos Borrachos, y en los mismos días en los que se hizo efectiva la orden de desalojo para todos los inmuebles.
Los vecinos, que tuvieron apenas una hora para recoger sus pertenencias básicas, se han alojado con sus familiares, en hoteles sufragados por el Ayuntamiento y, en el caso de una matrimonio de ancianos, en el asilo municipal.
«Nos han dicho que mañana por la mañana [por hoy] podemos venir a por más cosas y que los Servicios Sociales van a estar pendientes de nosotros», suscribió Ricardo Ochoa, otro de los dueños, que buscó acomodo entre sus parientes para él, su mujer y sus dos hijos. «No pensamos que fuera tan grave como para irnos: el perito que contratamos nos decía que había que hacer arreglos, pero que la casa no se fuera a caer», suscribió Salud Borrego, una tercera propietaria con grietas de consideración en su salón.
Para evitar males mayores, ella como el resto de los residentes en el número 13 de la calle Venerable Juan de Santiago estarán fuera de sus pisos dos meses. Como poco.
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